El mundo es de quien tiene voluntad y sentido común, no del más inteligente. Afirmemos que no somos iguales y que, en eso, no nos van a engañar. Si nos mentimos, hacemos que la gente que tiene más vicios y menos disciplina no se esfuerce para ser mejores personas y, si así lo hiciéramos, fecundamos una población endeble y más fácil para ser dominada por otros países que nos imponen los gobiernos desde afuera.