El reciente relevo en la cabeza del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ha venido con un inusual giro de timón en el que constituye el sector más importante y poderoso del Ejecutivo.
Luego de la errática gestión de Jose Arista —el primer titular del MEF con recurrentes enfrentamientos con el Banco Central de Reserva y el Consejo Fiscal—, José Salardi llega a la esquina de los jirones Lampa y Junín luego de una gestión más bien exitosa al frente de Proinversión, agencia estatal a cargo de la promoción de la inversión privada. Durante esta, Salardi logró en 2024 el mayor volumen de adjudicaciones de proyectos en una década por un monto cercano a los US$9,000 millones.
Aunque es aún muy temprano para juzgar la gestión del nuevo líder del MEF, ha llamado la atención la rapidez con que se han movido ciertas cosas desde su llegada. En algunos casos el movimiento es claramente para bien, pero en otros su conveniencia no es tan clara.
Empezando por lo no necesariamente positivo, sorprende el gran número de cambios en puestos clave del sector. En sus menos de tres semanas en el puesto, Salardi cambió al viceministro de Economía y a seis (de 11) directores generales, algunos tan relevantes como el de Presupuesto Público, el de Política de Ingresos Públicos o el de Política de Promoción de la Inversión Privada, entre otros.
Esto rompe con una larga tradición del MEF, en la que los relevos suelen ser más bien graduales y las nuevas designaciones usualmente se hacen con funcionarios que provienen de la propia institución. En esta ocasión, los cambios han sido muy extendidos y la mayoría de designados proviene de fuera de la entidad, principalmente de Proinversión y de Sunat.
Preocupa que una renovación tan agresiva erosione la meritocracia e institucionalidad que aún se conserva en el Ministerio de Economía y Finanzas, quizás la única entidad del Ejecutivo que la ha mantenido.
En el lado decididamente positivo de estas primeras semanas, han llamado la atención tres cosas en particular: las rápidas decisiones para reactivar la inversión privada mediante el mecanismo de asociaciones público-privadas (APP), la negativa a dar “un sol más” a Petroperú y el compromiso de volver a cumplir la regla fiscal en 2025.
El primer tema es al que Salardi ha puesto más énfasis en todas sus declaraciones. Viniendo de Proinversión —donde ya ha demostrado su capacidad para dinamizar proyectos—, Salardi es un convencido del potencial de las APP para cerrar brechas en el acceso a servicios públicos al tiempo que se moviliza la inversión privada. Y es que, aunque tuvieron un golpe reputacional tras ciertos casos de corrupción de alto perfil, cuando están bien diseñadas, las APP son el sistema más efectivo para ejecutar proyectos de gran escala.
En este frente, Salardi ha anunciado que antes de 28 de julio se firmarán cuatro adendas para generar nuevas inversiones bajo el mecanismo de APP. Se trata de la extensión del contrato de transporte del gas de Camisea, la ampliación de la concesión del puerto de Matarani, la adenda de la concesión de los aeropuertos de Arequipa, Juliaca, Tacna, Puerto Maldonado y Ayacucho, y la extensión del contrato de distribución de gas de Lima, al que se añadirían siete regiones. Juntos, estos cuatro proyectos suman inversiones por alrededor de US$4,500 millones.
A ello, Salardi ha añadido que en el primer semestre enviará un proyecto de modificación del reglamento de APP, para que en el futuro los proyectos bajo este mecanismo no tomen los interminables periodos que han venido tomando (en algunos casos más de 10 años).
Respecto del tema de Petroperú, no hace falta ahondar en por qué es de celebrar que se decida no dar un centavo más a una empresa que solo destruye valor y que, si no fuera por los sucesivos rescates con dinero de todos los peruanos, ya estaría quebrada.
Finalmente, está el tema de la regla fiscal. Luego de que esta fuera incumplida en 2023, por primera vez en 22 años, y volviera a ser incumplida en 2024, es urgente que el Perú retome la senda de la disciplina fiscal, que con gran esfuerzo nos llevó a ser uno de los países con los fundamentos macroeconómicos más sólidos de la región. No perdamos una de las pocas ventajas que nos diferencian.
Hechas las sumas y restas, el inicio de gestión del ministro Salardi da razones para el optimismo. Le deseamos buen viento, pues su éxito será el de todos los peruanos.