Una de las principales preocupaciones que tiene el electorado nacional en esta disyuntiva de la segunda vuelta es si su voto va a permitir generar estabilidad para el país, porque ya estamos cansados en estos últimos 10 años de tener una crisis política continua, con una inestabilidad peligrosa para el país y sobre todo para generar inversiones, sabiendo que ahí está la llave del éxito de la economía del país.
La primera vista es hacia la composición del Congreso, para ver cómo está el equilibrio entre los diferentes partidos políticos y sus bancadas que han logrado pasar la valla y van a componer el nuevo Senado y la Cámara de Diputados. Es evidente que ninguno tiene la mayoría para controlar el parlamento; requieren de buscar consensos mínimos que garanticen acuerdos políticos importantes, para emprender las reformas que están ofreciendo ambos candidatos del balotaje.
Entonces, ni Keiko Fujimori y mucho menos Roberto Sánchez pueden implementar reformas drásticas, como convocar una Constituyente o que las fuerzas armadas tomen el control de la seguridad ciudadana, o retirarse de la competencia del Pacto de San José en materia de derechos humanos. A lo más podrían buscar algún tipo de acuerdo político para sumar a alguna bancada que les permita tener la mayoría en el Parlamento.
Sobre la vacancia, que sería el destino inexorable para Sánchez, si es elegido presidente, como le sucedió a Pedro Castillo, hay una alternativa infalible que le puede garantizar su permanencia en el poder durante los próximos 5 años, como manda la Constitución. Esto se trataría de obligar a la renuncia de las dos vicepresidentas de Sánchez, apenas tome el poder en el país, con lo cual dejaría en offside al Parlamento, en vista que, si los parlamentarios promovieran una vacancia presidencial, estarían obligados a renunciar a sus curules, porque si logran vacarlo en este escenario hipotético, tendrían que convocar a nuevas elecciones presidenciales y congresales, al no existir vicepresidentes para la sucesión de mando.
Es una estrategia infalible, una especie de “matamata” que existe en la legislación ecuatoriana que obliga a que, una vez se vaque al presidente, después tendría que disolverse inmediatamente el Parlamento. Es un mecanismo inteligente de control político y garantista para darle continuidad a nuestra precaria democracia, que sigue viviendo el sueño de los justos.
a suerte está echada para Keiko y Sánchez; ahora la pelota está en su cancha. Que busquen aliados estratégicos, solos no van a poder ganar esta elección.