A principios de año, Ipsos publicó el Índice de Felicidad 2025, el cual se viene midiendo casi cada año desde 2011. Los resultados no son alentadores: el Perú se ubica entre los países menos felices, en el puesto 25 de 30 evaluados. Algo que llamó mi atención es que el 60% de los encuestados señaló su situación financiera como el principal factor de su infelicidad. ¿Puede el dinero hacernos felices? Algunos estudios sugieren que sí, aunque solo hasta cierto punto. Daniel Kahneman y Angus Deaton analizaron datos de casi medio millón de estadounidenses en 2010, y concluyeron que el dinero sí aumenta la felicidad, pero solo hasta un umbral específico: a partir de cierto ingreso anual, el efecto se aplana y más dinero ya no genera mayor felicidad. Es evidente que el ingreso promedio de los peruanos está muy por debajo de ese supuesto umbral y, por ello, entre otras razones, los resultados obtenidos resultan comprensibles.
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La felicidad es un tema muy importante que despierta gran curiosidad intelectual, pero al mismo tiempo es abstracto, difícil de medir y no tiene una definición inequívoca. Puede significar cosas distintas para cada persona. La Universidad de Harvard ha venido realizando el estudio más largo del mundo acerca de la felicidad con el objetivo de entender qué nos hace felices y saludables a lo largo de la vida. Durante más de 85 años, han recolectado todo tipo de datos a partir de los mismos individuos. A lo largo del tiempo, han llegado a una conclusión contundente: que las relaciones auténticas y significativas son el factor más importante para una vida feliz y saludable. Entonces, no se trata solo de alcanzar una mínima estabilidad económica, sino también de tener vínculos valiosos, saludables, conectar de verdad con los demás, cultivar amistades y fortalecer relaciones familiares.
Yo creo que se trata de ir incluso más allá: no quedarse solamente en la búsqueda de la felicidad, que tiene que ver más con “recibir”, sino aspirar a una vida con propósito, que se relaciona más con “dar”. Un propósito que puede sentirse a pesar del sufrimiento, a pesar de la infelicidad. Esto me parece aún más esencial: buscar pertenecer, contribuir y trascender; es decir, entregar al mundo, además de recibir.
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