En días pasados terminó, por fin, la fanfarria electoral, con la entrega de las credenciales como presidenta a la señora Keiko Fujimori. Era una ceremonia netamente electoral y organizada por el Jurado Nacional de Elecciones y en donde hubo gente de más, que no sé qué hacían ahí. Es el caso de Balcázar, que se ha convertido en perejil de toda sopa, con el ánimo, sin duda, de dejar una buena imagen.
Lo primero es que ya muchos la llaman la presidenta, como debe ser, si bien los ignaros pululan en este país de analfabetos funcionales (gente que sabe leer, pero que no leen, como decía Unamuno). Recuerdo que en las aulas escolares me repetían “la abogado”, “la médico”…pero eso cambió cuando llegué a la Universidad, pues la Academia (RAE) había aceptado el femenino como corresponde (vid. el Diccionario panhispánico de dudas publicado por la RAE). Pero esta incorrección se extiende en otros ámbitos. Un par de ejemplos bastará: el uso de “tribuno”, que se sigue usando alegremente para designar a los miembros del Tribunal Constitucional (lo cual es una incorrección, pues son jueces y magistrados) y el otro es la cursilería del “vosotros”, válido en España dentro de otro contexto, pero totalmente censurable entre nosotros (lo dijo hace años Martha Hildebrandt en su libro “1000 palabras y frases peruanas”).
Y si de ahí pasamos al mundo de la dirigencia política, la cosa se agrava. Aquí estudiamos de todo, pero las materias dedicadas a la formación cívica no existen. Y por eso se dicen las tonterías que se dicen, tales como “equilibrio de poderes” y similares. Lo primero es que en rigor no hay poderes, si bien por costumbre los llamamos así (el Ministerio Público no es literalmente un poder del Estado, pero actúa como tal). El segundo punto es que lo que existe es un diseño constitucional preexistente, que es el que lo permite y, adicionalmente, un sistema electoral errático, que facilita la existencia de 36 candidatos a la Presidencia de la República, que con seguridad como dato pasará a los récords de Guinness. Y finalmente, el personal que llega al Congreso, que generalmente es para salir corriendo. Y este factor humano es quizá el talón de Aquiles del sistema político.
Con todo esto tendrá que lidiar Keiko Fujimori y le deseamos suerte. Esperemos, pues, con calma.