Si algo enseñó la última década es que un Ejecutivo sin mayoría parlamentaria y un Congreso sin incentivos para sostener al Gobierno fueron una fórmula desastrosa para la gobernabilidad peruana. El conflicto institucional dejó de ser la excepción para convertirse en la regla.
La elección de 2026 rompe ese patrón, pero no inaugura una etapa de armonía. Inaugura otra forma de conflicto: menos existencial, más negociada. El enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo no desaparecerá, cambiará de naturaleza. Ya no girará principalmente en torno a la supervivencia del Gobierno, sino a la construcción de acuerdos dentro de una mayoría que dista de ser monolítica.
Fuerza Popular parte con una ventaja evidente al controlar la Presidencia y ser la primera fuerza en ambas cámaras. Sin embargo, esa ventaja no equivale a una mayoría propia. En el Senado, Fuerza Popular y Renovación Popular suman 30 de los 60 escaños, apenas uno menos de la mayoría absoluta. En Diputados reúnen 56 de los 130 representantes, diez por debajo de los 66 necesarios para controlar la cámara.
Pese a algunos deslices discursivos, resulta difícil imaginar a Renovación Popular ejerciendo oposición a un gobierno de Fuerza Popular. Sus coincidencias programáticas son mucho mayores que sus diferencias y todo indica que ambos partidos constituirán el núcleo de la mayoría oficialista.
La gobernabilidad dependerá, entonces, de un tercer actor: el Partido del Buen Gobierno. Con 7 senadores y 18 diputados, posee los votos necesarios para convertir una mayoría relativa en una mayoría de gobierno. Su fortaleza radica precisamente en no estar plenamente alineado con el Ejecutivo, lo que le permitirá negociar cada reforma relevante y aumentar su influencia política.
Existe, además, una incógnita que aún no tiene respuesta: el comportamiento de Obras. Más que una organización cohesionada por una identidad ideológica o programática, hoy parece una suma de individualidades. Si esa lógica se mantiene, podría convertirse en un actor altamente transaccional. Si logra consolidarse como bancada, podría desempeñar un papel relevante en la construcción de mayorías.
La mayoría oficialista existe, pero es precaria. Dependerá de mantener cohesionados a sus aliados y de negociar permanentemente con una bancada bisagra. El Perú parece dejar atrás el ciclo del bloqueo por defecto entre poderes, pero no el de la negociación política. Durante la última década, el problema fue la ausencia de mayorías. A partir de 2026, el desafío será conservarlas.