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La increíble historia de SpaceX

"La innovación decisiva para el negocio no fue un cohete, sino Starlink. Esta subsidiaria empezó a ofrecer Internet en cualquier parte del mundo”.

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Elon Musk
"Elon Musk fundó SpaceX con una idea que parecía propia de la ciencia ficción: reducir radicalmente el costo de viajar al espacio y, algún día, llevar al ser humano a Marte".
Fecha actualización:
21/06/2026 - 07:42
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Hace 24 años, Elon Musk fundó SpaceX con una idea que parecía propia de la ciencia ficción: reducir radicalmente el costo de viajar al espacio y, algún día, llevar al ser humano a Marte.

La semana pasada, aquella empresa que estuvo al borde de la quiebra varias veces colocó alrededor de 4% de sus acciones en el mercado Nasdaq (Nueva York). A un precio inicial de US$135 por acción, recaudó aproximadamente US$75,000 millones: la mayor oferta pública inicial de acciones en la historia. Al cierre de su primer día de cotización, el valor de la empresa se había incrementado de US$1.8 trillones a alrededor de US$2 trillones.

Pero ¿cómo empezó esta historia? En 2002, Musk recibió cerca de US$180 millones por la venta de PayPal (plataforma que es un medio de pago) y decidió invertir en SpaceX. El inicio fue complicado: los primeros lanzamientos de sus cohetes Falcon 1, entre 2006 y 2008, fracasaron. Quedaba dinero para un intento más.

En septiembre de 2008, el cuarto Falcon 1 alcanzó la órbita. Fue el primer cohete de combustible líquido desarrollado por una empresa privada que lo conseguía. Este éxito llevó a que la NASA otorgara a SpaceX un contrato de US$1,600 millones para transportar carga a su Estación Espacial Internacional. Gracias a este contrato, la empresa logró sobrevivir.

El siguiente salto para SpaceX fue el Falcon 9, un cohete más potente y parcialmente reutilizable. En 2012, la cápsula Dragon se convirtió en la primera nave comercial que llegó a la estación espacial.

Pero el hito que transformó la economía del sector ocurrió en diciembre de 2015: la primera sección de un cohete Falcon 9, donde se deposita el combustible líquido, regresó a la Tierra y aterrizó verticalmente.

Hasta entonces, los cohetes se utilizaban una sola vez y se destruían. SpaceX comenzó a aplicarles una lógica semejante a la de la aviación: la reutilización de sus partes redujo los costos, aumentó la frecuencia de los vuelos y permitió que la compañía pasara de ser un proveedor experimental a dominar los lanzamientos comerciales.

Sin embargo, la innovación decisiva para el negocio no fue un cohete, sino Starlink. Esta subsidiaria empezó a ofrecer Internet en cualquier parte del mundo, conectando una antena portátil con un satélite lanzado al espacio por un cohete de SpaceX. En 2023, yo mismo tomé conciencia de su alcance durante un viaje al Parque Nacional Huascarán, adonde habíamos ido a hacer caminatas con mi familia. El lodge donde nos alojamos, en una zona de difícil acceso, tenía Internet gracias a Starlink. Era una prueba contundente de lo que SpaceX había conseguido: llevar conectividad a lugares donde la infraestructura tradicional difícilmente llega.

Desde 2019, SpaceX ha desplegado miles de pequeños satélites en el espacio. Su ventaja es indudable: fabrica los satélites, los lanza con sus propios cohetes y reutiliza estos últimos. A comienzos de 2026, Starlink superó los 10 millones de clientes y comenzó a convertirse en el principal motor financiero que financia las ambiciones espaciales de Musk, incluida Starship.

El éxito de Starlink coincidió con una reorganización más amplia del ecosistema empresarial de Musk. En 2026, SpaceX incorporó xAI, la empresa desarrolladora de Grok (inteligencia artificial), mientras que X (antes Twitter) pasó a formar parte de dicha plataforma. Así, cohetes, satélites, conectividad global e inteligencia artificial quedaron integrados bajo una misma estructura corporativa.

Starship representa la apuesta de largo plazo. Es el sistema de lanzamiento de cohetes más grande jamás construido y está diseñado para ser totalmente reutilizable y llevar personas y carga a la Luna y a Marte.

La gran ventaja de SpaceX no consiste solamente en tener mejores cohetes. La empresa controla casi toda la cadena: fabrica los satélites, los transporta con sus propios lanzadores y vende directamente el servicio de conectividad. Esa integración reduce costos, acelera la innovación y dificulta que sus competidores la alcancen.

Sin embargo, la valorización del IPO contiene una advertencia. En 2025, SpaceX facturó US$18,700 millones, tuvo pérdidas por US$4,900 millones y realizó enormes inversiones. Los inversionistas están pagando el precio actual por la expectativa de que SpaceX dominará mercados que recién están naciendo: Internet satelital global, viajes interplanetarios y, ahora, centros de datos en el espacio.

La experiencia de otras ofertas públicas iniciales (IPO) aconseja prudencia. Muchas acciones suben con fuerza durante el debut, pero luego corrigen cuando desaparece la euforia, se publican nuevos resultados y los empleados e inversionistas tempranos comienzan a vender. SpaceX podría seguir esa tendencia cuando aumente el reducido número de acciones hoy disponibles.

Pero SpaceX tampoco es un IPO convencional. Domina los lanzamientos de cohetes, controla la cadena de Starlink, posee contratos estratégicos con el Gobierno estadounidense y combina infraestructura espacial, comunicaciones e inteligencia artificial de una manera que es difícil de replicar.

¿Caerá su acción durante los próximos doce meses? Es imposible saberlo. Probablemente enfrentará correcciones y una elevada volatilidad. La pregunta es si sus utilidades crecerán lo suficiente para justificar un precio que ya incorpora negocios futuros aún inciertos.

Elon Musk ha convertido lo que era ciencia ficción en una empresa real. Falta saber si Wall Street también ha convertido esta extraordinaria historia en un precio demasiado extraordinario.

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