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La gran cruz de la orden del sol para FOZ

“El viernes pasado le otorgaron la máxima condecoración que da el Estado peruano a mi hermano Felipe, conocido como FOZ. Puedo decir sin tapujos que es muy merecida”. 

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foz
Fecha actualización:
04/07/2026 - 07:00
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El viernes pasado le otorgaron la máxima condecoración que da el Estado peruano a mi hermano Felipe, conocido como FOZ. Puedo decir sin tapujos que es muy merecida. En mi doble relación con él, de familia y trabajo, he sido testigo numerosas veces de su generosidad, genuino interés por entender al otro, muy fuerte sentido de responsabilidad, adhesión firme a principios en situaciones complejas y capacidad de inspirar a muchísimas personas a pensar y actuar con un sentido constructivo, en un combo muy escaso de idealismo y realismo que ojalá pudiera contagiarse. Cientos de personas que han interactuado con él podrían confirmar lo que he descrito.  

Extraigo de su discurso de aceptación los pasajes que más relevancia tienen para el Perú de hoy, polarizado insensatamente frente a un contexto de cambio que requiere energías y foco suficiente para promover nuestro desarrollo por las grandes oportunidades y riesgos que implica.  

“A Jorge Basadre, ya enfermo, le fue otorgada, por entonces, la Orden del Sol. En lo que fue uno de sus últimos discursos, ratificó su compromiso vital con un país tan complejo como el nuestro: dispar, desigual, en formación y ebullición; de oportunidades perdidas y obras inconclusas, de aclamaciones y dicterios, de exaltaciones desaforadas y rápidos olvidos. “País dulce y cruel”, nos lo recordó entonces, hace ya más de 40 años, de cumbres rodeadas de abismos”.  

“¿Cuál es el Perú al que debemos aspirar? Recuerdo, a inicios de los años 90, cuando enfrentábamos retos tan o más desafiantes que los actuales, un prolongado taller con un grupo de empresarios, en el que nos propusimos, más allá de debatir sobre los desafíos más inmediatos, formular una visión del país. Entre todos contribuimos a la misma, pero tuve mucha participación en la edición final: Un Perú próspero, pacífico, democrático y justo; donde todos seamos educados con valores y conocimientos para hacer realidad nuestras legítimas aspiraciones a través de un trabajo estimulante y digno. Un país con instituciones firmes y transparentes que garanticen los derechos de la persona, el cumplimiento de la ley y la iniciativa privada. Un país hospitalario y solidario, orgulloso de su amplia diversidad natural, cultural y social. Un país donde podamos vivir con alegría”.  

“Cuando nos referimos al Perú, solemos decir “el Perú”. En países como Colombia o Chile, no usan el artículo por delante, son más concretos y específicos. Nosotros, al decir “el Perú”, invocamos también un sentido que trasciende a su realidad inmediata; al llamarlo así, recogemos también un mandato de nuestra antigua y rica herencia cultural, no descubierta ni asumida aún a plenitud; así como de nuestra esperanza y convicción de que será posible, en este suelo y algún día no muy lejano, construir un futuro sostenible que les permita prosperar a todos.  

“Quienes ya peinamos canas, hemos vivido una era de sucesivos cambios: cambios sociales, políticos, económicos; pero esta vez experimentamos un cambio de era con el surgimiento y la aplicación de la inteligencia artificial. Necesitaremos de una mentalidad renovada para hacer frente con éxito a los inmensos desafíos y oportunidades por delante.  Esa nueva actitud va a requerir de un refuerzo de nuestra curiosidad, así como de nuestro sentido de propósito. Y por propósito no entiendo solo realizarse en lo que uno disfruta haciendo, sino velar porque dicho actuar contribuya efectivamente a mejorar la vida de otros peruanos. Y vamos a requerir de mucha más curiosidad en nuestra vida cotidiana, para lo que será necesario transformar las formas tradicionales en que solemos educar y trabajar.    

“En pocas semanas, asumirá un nuevo gobierno y tendremos elecciones subnacionales pocos meses después. Cierro citando nuevamente a Basadre en una de sus últimas invocaciones: ‘Lo que importa no es lo que fuimos, sino lo que —si venciendo la inextinguible capacidad nacional para buscar la propia agonía espiritual con el yaraví de la autoflagelación y de la autonegación, o para soplar en el pututo del encono— pudiéramos ser, si de veras lo quisiéramos”.

Las citas de Basadre que Felipe eligió para su discurso se aplican a lo que enfrentamos hoy con una precisión abrumadora. Ojalá nos ayuden a tener la sensatez necesaria para construir un Perú mejor para todos.  

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