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Keiko entre el relato y la nueva transición

"La narrativa o el relato será que la presidenta Keiko Fujimori es ilegítima, en consecuencia no es un gobierno democrático".

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Columna de Iván Arenas.
Fecha actualización:
19/06/2026 - 07:00
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Es altamente probable que Keiko Fujimori sea electa como presidente del Perú gracias a un puñado de votos. Sánchez y sus acólitos saben bien que han perdido, pero todo lo que ahora hagan les servirá para el corto plazo. La estrategia entonces va así: sus abogados van a interpelar cualquier decisión del JNE para debilitar el poder legítimo y legal que dan los resultados. Quieren dejar claro que estamos frente a unas elecciones fraudulentas y, por ende, ante una presidencia ilegítima. La narrativa o el relato será que la presidenta Keiko Fujimori es ilegítima, en consecuencia no es un gobierno democrático.

No se trata, pues, de un berrinche sino de una estrategia en el corto plazo. Asimismo, aunque algunos de los aliados se hayan distanciado del excandidato Sánchez, este, en un intento desesperado para no quedarse en la debilidad absoluta, pretende liderar el fraudismo como tesis para seguir con vida en el corto y mediano plazo.

Pero surgen otros detalles. Si uno observa bien, el fujimorismo-antifujimorismo fue obra y gracia del gobierno de transición que, si bien lo lideraba Panigua, se vio ensombrecido por la influencia de un sector de la política que, en lugar de hacer de la transición una de reconocimiento del otro y entendimiento con el adversario, fue todo lo contrario. En ese sentido, si consideramos que los males de la gobernabilidad han surgido allí, el próximo gobierno de Keiko Fujimori puede acabar con esta polarización de pasiones liderando ella una nueva transición. ¿Qué significa lo anterior? Pues varias cosas, entre ellas liderar un proceso de reconciliación nacional dejando en libertad a Alejandro Toledo y anunciando que podría hacer lo mismo con Pedro Castillo. De hacer eso, la fuerza del fujimorismo y de Keiko Fujimori estaría en el hecho moral de haber liberado a dos adversarios que trataron de hacerla polvo. En todo caso la política grande se trata también de eso.

La izquierda tiene dos grandes temores. La primera es que el próximo gobierno fujimorista triunfe en la ejecución de obras, es decir, en que lleve el Estado a la sierra y a la selva; la segunda es que su gobierno se llene de una fuerza moral suficiente —como la de liberar a su adversario— y continúe en el largo plazo como un partido perenne en el sistema de partidos. En todo caso, habrá por verse si los temores se cumplen.

Keiko Fujimori tiene quizá una ventaja: la izquierda no tiene una dirección central que le dé estrategia y táctica más allá de los relatos como el “fraudismo” o el “pacto mafioso”.

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