Ayer fue la final de Wimbledon. Partidazo entre Sinner y Zverev, números uno y dos del mundo, respectivamente. Ganó el mejor, el italiano. Pero muy lindo ver, una vez más, la amistad entre los dos, el reconocimiento mutuo, el respeto, la inteligencia de ser amigos y rivales. Me emociona eso, porque estoy convencido de que los buenos deportistas saben integrar dos características esenciales del ser humano: la pasión y la amistad. No es fácil.
La competencia, la pasión y la rivalidad nos pueden llevar —fácilmente— a ir en detrimento de la amistad, del reconocimiento, incluso del respeto. Esto pasa no solo en el deporte, sino en la vida en general: en la política, en el trabajo, en el mundo corporativo, incluso entre hermanos y amigos: “La competencia envenena los vínculos”, alguna vez leí por ahí. Y es cierto; si tienes poca inteligencia emocional, poca empatía, eres inseguro, padeces baja autoestima, o tienes problemas para vincularte, seguramente te ganará el lado de la “pasión”, la rivalidad y la codicia. Lo asocio hasta con el capitalismo, modelo económico que debería fomentar la sana competencia, beneficiar al consumidor y compartir el mercado. Pero eso sucede cuando hay un capitalismo consciente, una sana competencia.
Aprender a competir, entonces, desde niños, es importante. No hay que negar nuestra esencia competitiva, el deseo de “ganar”, la pasión, incluso la rivalidad. Es humana, es universal, siempre ha existido, siempre existirá. Pero también es humana y universal nuestra necesidad de amistad, de vínculos constructivos y de compartir. Cuando gana la codicia y la rivalidad, el ser humano enferma. Los vínculos se envenenan. Pero, cuando aprendes desde niño a perder, a compartir y también a ganar, entiendes el valor de la competencia. De la sana competencia.
Messi, siendo asperger y habiendo perdido muchas veces de niño (le decían que nunca sería bueno por ser chato), ahora es el primero en ir a saludar, abrazar y reconocer a sus contrincantes.
Mbappé critica las casas de apuestas y los vicios alrededor del fútbol, habla de la pasión y amistad libre de adicciones que debería ser el deporte.
Finalmente, Roger Federer, el máximo ganador de Wimbledon y el jugador más vistoso de la historia, contó al retirarse: “Yo aprendí a disfrutar cuando aprendí a perder. En toda mi carrera solo gané el 54% de los puntos. Y Rafa Nadal, mi máximo rival, fue también mi mejor amigo”.
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