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Ganar es solo el comienzo

"Es improbable que Fujimori tenga una ‘luna de miel’ política. En el mejor de los casos, desde el primer día estará sometida al escrutinio de un enorme sector que no le perdonará errores”.

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(Midjourney/Perú21)
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Fecha actualización:
14/06/2026 - 07:05
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El inminente triunfo de Keiko Fujimori es un alivio para quienes defendemos las libertades económicas como el mejor camino para el progreso. No obstante, sería ingenuo ignorar que, más que una victoria, en la práctica este ha sido un empate. Hoy la mitad del Perú celebra mientras la otra se lamenta.

Millones de compatriotas temen que el triunfo de Fuerza Popular implique una excesiva concentración de poder, un debilitamiento institucional, la instauración de un estilo autoritario, y otras amenazas al sistema democrático. Y, en honor a la verdad, se trata de una preocupación comprensible si se observa la conducta de Fuerza Popular particularmente en el periodo 2016-2021.

Por ello, muchos de los que dimos el voto a Keiko Fujimori lo hicimos con ciertos reparos, motivados por la amenaza que supondría un gobierno de Sánchez para el progreso del país.

Así las cosas, es improbable que Fujimori tenga una “luna de miel” política. En el mejor de los casos, desde el primer día estará sometida al escrutinio de un enorme sector que no le perdonará errores. Y, en el escenario más complejo, enfrentará movilizaciones particularmente en el sur del país.

No sería raro que se replique alguna versión de lo que hoy se vive en otros países del vecindario. Tanto en Bolivia como en menor medida en Chile, gobiernos de derecha elegidos democráticamente enfrentan movilizaciones de sectores que no los apoyaron en las urnas. En el caso de Perú tendremos, además, el agravante de que la victoria de Keiko Fujimori fue bastante más apretada.

Por estas razones es fundamental que, desde el primer día de su gobierno, Fujimori dé ciertos pasos que calmen las ansiedades de sus detractores y den mayor viabilidad a su gobierno. Aquí propongo cuatro elementos.

Lo primero es que, al definir su primer gabinete y principales funcionarios, muestre capacidad de convocar fuera de su propio círculo. Esto fue algo que —a diferencia de Sánchez— no logró de manera convincente durante la campaña de segunda vuelta y que, a mi juicio, fue uno de los elementos por los que casi pierde la contienda. Una mayor apertura daría un mensaje de pluralidad, consenso e inclusión que probará ser fundamental para una presidenta que divide al país en dos.

Un segundo elemento será el manejo que su gobierno tenga de las movilizaciones que previsiblemente acompañarán el inicio de su gestión. Las trágicas muertes que se produjeron en las protestas que siguieron a la toma de mando de Dina Boluarte fueron el elemento condicionante para la administración presidencial más impopular de nuestra historia republicana. Esa historia no debe repetirse.  

Será este un frente particularmente sensible para Fujimori considerando que, a lo largo de la segunda vuelta, Sánchez buscó —con gran cinismo— responsabilizarla por los fallecidos de 2022. Una acusación de la que Keiko no supo sacudirse con suficiente efectividad. Ahora la administración Fujimori tendrá el reto de demostrar que el imperio de la ley puede imponerse sin decenas de muertes que lamentar.

Un tercer elemento será su relación con la prensa. Para una fuerza política a menudo acusada de formas poco democráticas, la vía más efectiva de probar lo contrario será a través de su relación con los medios. A diferencia de lo que se vio en prácticamente todo el último quinquenio, Fujimori debe mostrar total apertura para responder a la prensa, tolerar el escrutinio, y evitar cualquier forma de acoso judicial y normativo contra periodistas. Ello dejará sin argumentos a muchos detractores.

Y un último elemento es quizás el más evidente, pero también el más retador: Keiko Fujimori tiene que entregar resultados. Mostrar que quienes le dimos el voto —sin mayor entusiasmo, pero con la confianza de que era el camino preferible para el desarrollo— no nos equivocamos. Esto es, destrabar proyectos privados y públicos, mejorar los programas sociales, reconstruir el capital humano en el Estado, tener una estrategia real contra la inseguridad, etcétera. La ecuación es simple: un gobierno que da resultados a nuestros problemas cotidianos será un gobierno con menos detractores.

Deseo todo lo mejor para la próxima administración presidencial. Su éxito será el de todos los peruanos. 

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