Desde hace unos días, en este mismo espacio, venimos señalando la irresponsabilidad del Gobierno al recortarle el presupuesto a la Autoridad Nacional de Infraestructura. Es decir, la institución llamada a realizar las obras de prevención necesarias para enfrentar el fenómeno climático que ya se está manifestando en el país no podrá completarlas.
En Palacio continúan haciendo mutis sobre el tema y parecen más entusiasmados con organizar viajes en comitiva familiar al extranjero que en ocuparse de los graves problemas que acechan al país en estos momentos.
El de El Niño no es el único, pero sí el que requiere de una respuesta inmediata y efectiva, no nuevas promesas o pretextos burocráticos. Insistimos en advertirlo, pues las señales de los expertos no son nada promisorias respecto a lo que la fuerza destructiva combinada de los llamados Niño Costero y Niño Global podría generar en el país.
Y justamente ayer, Perú21 publicó una nota con el economista en jefe para Perú del BBVA Research, Hugo Perea, quien advirtió que este trastorno climático podría restar hasta un punto porcentual al crecimiento económico de 2027, si su evolución termina siendo similar a la observada en 2023. Los sectores más expuestos de la producción, según explicó, serían agricultura, pesca –cuya primera temporada de anchoveta ya mostró resultados muy por debajo de lo previsto– y agroexportación.
Eso en cuanto a la economía, pero además están los más que posibles daños en infraestructuras básicas y poblados vulnerables. Hasta hoy no se sabe nada de la planificación de medidas ya perentorias como la reubicación de poblaciones, construcción de diques, limpieza de cauces y protección de carreteras que el gobierno central debería encabezar.
En materia de desastres, el Perú no puede seguir actuando solo ante hechos consumados, a remolque de los desastres, una vez que ya se produjeron. Es la hora de la prevención, el Estado no puede volver a fallarle a los peruanos como en años anteriores ante desastres de gran magnitud. Es hora de actuar.