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El que no conoce su historia

"Crecer es indispensable, pero el desarrollo se construye cuando las brechas comienzan a cerrarse, cuando cada peruano accede a lo esencial…”.

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(Grok/Perú21)
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Fecha actualización:
19/07/2025 - 07:05
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Crecimos. No un poco, no tímidamente. Hubo una década en que el país avanzó con fuerza, sostenido por políticas que nos dieron estabilidad y por la demanda global. Esos años nos hicieron creer que el progreso era un camino recto, que bastaba con sumar puntos al PBI para asegurar el bienestar. Antes de la pandemia el ritmo comenzó a enfriarse, aunque seguíamos firmes, confiando en que la inercia económica bastaría para sostenernos.

Hoy, aunque ya no vivimos aquellas cifras espectaculares, el Perú es visto como una de las economías más estables de la región. Las proyecciones siguen siendo alentadoras, el cobre y el oro sostienen la confianza internacional, los inversionistas nos miran como un destino seguro. Para un país que conoce el peso de la recesión, esa es una buena noticia. Es legítimo celebrarlo porque crecer es indispensable.

Ese camino debería habernos enseñado algo más profundo. El crecimiento no basta por sí solo para cerrar las heridas que nos dividen. La pandemia lo gritó cuando derrumbó certezas y dejó a la vista lo que no quisimos mirar, hospitales sin oxígeno, escuelas apagadas, familias desprotegidas. Fuimos uno de los países más golpeados y esa marca todavía duele. Duele porque nos recuerda que detrás de cada cifra hay vidas concretas.

Hoy la amenaza no viene del virus, sino de la política entendida como botín.  Es la política entendida como botín, convertida en un espacio donde se negocia el interés público a cambio de ventajas personales. Las instituciones que alguna vez sostuvieron la democracia se han debilitado por manos que confunden poder con impunidad.

Mientras se desmantelan los frenos y contrapesos, la minería ilegal avanza con la complicidad de quienes deberían contenerla, tejiendo redes que corroen el Estado. El calendario electoral se llena de nombres que prometen cambios sin explicar cómo, que gritan más de lo que proponen, que convierten la incertidumbre en espectáculo.

Nos gusta repetir que quien no conoce su historia está condenado a repetirla. La historia no es solo pasado, también es el presente que habitamos y que elegimos ignorar. Si seguimos creyendo que el crecimiento económico lo puede todo, estaremos cometiendo el mismo error. Crecer es indispensable, pero el desarrollo se construye cuando las brechas comienzan a cerrarse, cuando cada peruano accede a lo esencial, cuando la desigualdad deja de ser el sello que nos define.

Un país no se mide solo por lo que crece, sino por lo que permite crecer en cada uno de nosotros.

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