Un bono igual a cuatro años de sueldo, libre de impuestos, a la vena, ¿qué haría? Quizá salir de deudas; pero imaginemos que no debe mucho y tiene tasas de interés muy bajas, así que eso no le preocupa. Quizá un año sabático para estudiar libre de preocupaciones, no un estresante MBA, sino aquello que siempre quiso (arte, literatura, historia); o viajar sin prisas para sentarse en cualquier placita de cualquier pueblito a ver pasar gente, tomando un café; o en alguna terraza para ver en el horizonte bosques o glaciares con una copa de vino, o cualquier otra cosa como soñó disfrutar la vida. Pero aún le queda mucha plata. Quizá ahorrar e invertir, una casa para toda la vida, la educación de los chicos, seguros de salud, un portafolio de inversiones y mucho más porque, pasadas esas largas vacaciones, seguirá trabajando, ¿verdad?
Es lo que los peruanos podemos ganar si recuperamos el clima favorable para la inversión privada. Mire usted, en miles de millones de dólares, el stock de inversiones es de 80 en minería, 25 en irrigación y 160 en infraestructura (agua, saneamiento, energía, transporte, telecomunicaciones, escuelas, hospitales). Son 265 que representan el 70% de los 380 del PBI, que equivalen a cuatro años de impuestos (17.5% PBI) o a dos veces la deuda del país (35% PBI), todo aportado por la inversión privada, sin que los peruanos tengamos que pagar un sol y sin que el país tome un dólar más de deuda, salvo aquella mínima parte que se proyecte como inversión pública (contratos de asociación o de Obras por Impuestos). ¿Qué ganamos? Esto: se reduce la pobreza a la mitad (de 30% a 15%), se duplica el área de tierras agrarias, se duplican las exportaciones mineras y agrarias, los proyectos de irrigación generan empleo en todo el país (Chavimochic, Chinecas, Majes-Sihuas, Alto Piura, Trasvase del río Marañón y Pampas Verdes) y, si cerramos la brecha de infraestructura, la economía peruana será 15% más competitiva.
El 7 de junio no elegimos entre Fujimori y Sánchez, sino si recuperamos o no la inversión privada. Los promotores de las políticas sociales argumentan que el crecimiento no soluciona todos los problemas; es verdad, pero debieran reconocer que sin crecimiento no se soluciona ninguno. Primero se consigue dinero, después se financian las políticas sociales; si no hay dinero, las políticas sociales se financiarán con deuda que, si no hay dinero, no se podrá pagar; lo que sigue es hiperinflación y quiebra fiscal. Por eso, no debiera haber conflicto entre los promotores de las políticas económicas y los de las políticas sociales. El problema ha sido que después del crecimiento no se concretaron políticas sociales eficaces por falta de diseño, mala gestión o corrupción; entonces, la controversia no es el crecimiento, sino por qué no se aprovechó. Veamos un caso: la pobreza urbana en 2019 era de 14.6%, la pandemia la elevó a 26% y no ha logrado recuperarse porque en 2025 sigue en 23.4%; en cambio, la pobreza rural en 2019 era de 40.8%, la pandemia la elevó a 45.7%, al año siguiente se había recuperado con 39.7% y ha seguido cayendo a 35.5% en 2025. La diferencia está en que los subsidios al mundo rural sí funcionan (Pensión 65, Qali Warma y Cuna Más).
Todos los problemas los podemos solucionar en casa: la independencia de los poderes, mejorar la gestión pública, eliminar la corrupción, programas sociales de alivio de pobreza, políticas públicas en salud, educación y seguridad eficaces, combatir la economía criminal. La política será menos volátil porque al Congreso solo se clasificaron seis partidos; se requerirán alianzas para dictar leyes, superalianzas para reformas constitucionales y será casi imposible vacar al nuevo presidente. Lo único que no podremos es generar dinero en la magnitud que puede aportar la inversión privada. Si lo hacemos, creceremos más de 4% por año; si no, podemos retroceder a menos 1%. Esa diferencia de cinco puntos porcentuales es la mitad de lo que caímos durante la pandemia. Eso es lo que estaremos decidiendo: ¿repetimos desastres económicos o conseguimos dinero de la inversión privada para financiar políticas sociales? Miremos el Perú a largo plazo, pensemos en nuestros hijos y nietos, votemos con esa mirada.