Como en la filosofía, cosas distintas son ser y estar. Una cosa es ser gobierno y otra es hacer gobierno. El día después del 28 de julio, la presidenta Keiko Fujimori se enfrenta a estos dos caminos: a ser gobierno y a hacer gobierno.
Hacer gobierno significa el desarrollo del día a día de la agenda del Ejecutivo, y para eso necesita estar “presente”. Si bien la propia Keiko irá —como lo hizo su padre— en el terreno y en los hechos, la gestión del gobierno necesita de una “fuerza de gobierno”. Por lo tanto, el nuevo Ejecutivo necesita una red de operadores políticos a lo largo y ancho del país que le permitan, entre otras cosas, tener un “cable a tierra” con la realidad. Esos operadores deberían ser la “fuerza social”, la imagen, la cara y la “voz narrativa” del nuevo gobierno. Si algo se aprende en la política peruana es que el mismo peso tienen la construcción de escuelas y postas médicas y la construcción de una infraestructura del relato, de la narrativa. García 2 hizo más de 150 mil obras, pero Martín Vizcarra figura con mayor aprobación en las encuestas que comparan la gestión de presidentes anteriores.
El día después del 28 de julio, Keiko tendrá un país en emergencia, por tanto, se necesita un gobierno de emergencia y un gabinete de emergencia, en otras palabras: un gabinete muy político. Por ahora, que Julio Velarde acepte continuar al frente del BCR en los próximos cinco años es parte de esos gestos políticos que rebotan rápidamente en la economía.
Asimismo, la gestión de la agenda política será una lucha constante. Los medios de comunicación empezarán a precisar las debilidades del nuevo gobierno y ante esto veremos de qué están hechos en tienda naranja. Si el periodismo en general le arrebata la agenda política al gobierno, entonces habrá sufrido su primera derrota porque le quitará la iniciativa.
El nuevo gobierno tiene 100 días en adelante para poder perfilar su gestión. Tiene tres o cuatro temas, entre ellos la conquista del sur peruano que será una tarea titánica y de largo aliento. Por ahora ya tiene el diálogo abierto con los alcaldes puneños, entre ellos Javier Ponce, quien tuvo la iniciativa.
Quizá uno de los riesgos del nuevo gobierno sea en qué quiere verse reflejado. Si quiere ser un gobierno como el de Alberto (me refiero a las reformas estructurales y lo positivo) o la continuidad de un Alan García 2. Por ahora, ni en la Cámara de Diputados ni en el Senado le alcanza para hacer las reformas estructurales en el Estado que tanto se necesita.
Quizá también haya un reto: que las rajaduras naturales del gobierno no se noten.