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El día después

"El reto de Keiko no está ni en la economía ni en la política, sino en lograr un consenso base que permita gobernar. Ella tendrá que proponerlo...".

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(Midjourney/Perú21)
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Fecha actualización:
21/06/2026 - 07:43
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Hace tres elecciones que la foto es la misma: se gana la presidencia por unos cuarenta mil votos y una parte del territorio vota por la derecha y otra por la izquierda. La primera vez fue una extravagancia (en 2016, Kuczynski acumulaba votos contra Keiko); la segunda fue una rebeldía (en 2021, Castillo era como uno, andino de verdad, sin la artificialidad de Toledo); pero esta vez el territorio se divide peligrosamente: Fuerza Popular ganará la presidencia, pero no ganará las elecciones provinciales de octubre. Sin esa presencia territorial, será complicado que coordine con los gobiernos regionales y municipales, precisamente ahora que se viene un Niño global, que demandará invertir millones de dólares para prevenir y aliviar los desastres de siempre.

Pero hay otras luces. La primera viene de periodistas críticos de Keiko (Rosa María Palacios y Marco Sifuentes, entre otros) que reconocen su triunfo y critican a Sánchez por sobredimensionar cualquier irregularidad. Si esta vez no se vive una paranoia de fraude, se debe a ese trabajo profesional. Antes de ellos, José Chlimper y Alfredo Torres habían adelantado el triunfo de Keiko, pero, digamos, eran de la casa. La segunda viene de los resultados por provincia. Keiko ganó en las que había ganado en 2021 y Sánchez ganó aquellas otras en las que había ganado Castillo en 2021, pero cada candidato ganó votos en las provincias que perdió y perdió votos en las provincias que ganó. Keiko, por ejemplo, ganó votación en las provincias andinas, especialmente Cajamarca y Cusco; en tanto que Sánchez ganó votos en Piura y Lima. ¿Cómo así? Estamos ante una mutación electoral; algunos ciudadanos ya no deciden su voto por promesas ni por simpatías o antipatías, sino que evalúan la gestión pública. Los votos que ganó Keiko son los de agricultores y transportistas andinos, decepcionados del gobierno de Castillo, que no supo auxiliarlos en 2022 cuando se dispararon los precios de la úrea y del petróleo por la guerra entre Rusia y Ucrania. Los votos que ganó Sánchez en Piura son de las poblaciones que sufrieron el ciclón Yaku en 2023, frustrados porque el gobierno no realizó las obras de contención y drenaje contra las inundaciones; y los que ganó en Lima son por el incremento de la pobreza urbana, porque para ella no hay programas de asistencia social. Aunque ambas tragedias son imputables a Dina Boluarte, contagian a Keiko por el respaldo que le dio desde el Congreso. Si Keiko gana las elecciones, no será por el voto de los peruanos en el exterior, sino porque ganó más votos en las zonas andinas de los que perdió en Piura y Lima.

Élite honrada e influyente y una base social potente son los ingredientes que producen éxito. En 1970, se convirtió una invasión de arenales en Villa El Salvador; en 1979, madres de familia organizaron comedores populares, aliviaron el hambre y, cuando les tocó, fueron trinchera urbana contra Sendero; en 1984, un vaso de leche a los escolares de Lima se hizo realidad en todo el país; en los ochenta, las comunidades organizaron sus rondas campesinas, cuando el Ejército las reconoció y ayudó, vencieron a Sendero en el campo; en 2012, cuando las ganancias no chorreaban, los programas estatales Cuna+, Qali Warma y Pensión 65 redujeron la pobreza en el mundo rural. En 1989, cuando Sendero amenazaba Lima, la izquierda (Henry Pease) organizó una marcha contra el miedo; la derecha (Mario Vargas Llosa) marchó a su costado. Aquella tarde se lanzaron dos lemas: “¡No matarás!, ni con balas ni con hambre” y “La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”. Es verdad que somos un país dividido, pero la historia enseña cientos de casos en los que los peruanos supimos unirnos para superar nuestras propias miserias. El reto de Keiko no está ni en la economía ni en la política, sino en lograr un consenso base que permita gobernar. Ella tendrá que proponerlo, extender la mano, invitar, y quizá sufra desaires y vejámenes; será la cólera de duelos y heridas no sanadas que está obligada a cerrar. Es el precio de haber ganado. Pero si lo hace, el precio de los demás será olvidar rencores y agravios, para unir esfuerzos en la emergencia. Antes se pudo, ¿por qué no ahora? Lo digo con la ingenuidad de quien no pierde la esperanza.

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