En mi lejana juventud universitaria, sufrí una dispersión en mis lecturas, seguramente por el estudio de humanidades que era obligatorio en esa época. Una de mis lecturas fueron las del sociólogo francés Raymond Aron, tachado de conservador, pero que era considerado como una de las mentes más lúcidas de Francia. En uno de sus libros —quizá Democracia y Totalitarismo— señala que una de las condiciones que debe tener un político es saber “domesticar sus pasiones”. Y esta aseveración que es de los sesenta del siglo pasado, sigue vigente. Y una de sus manifestaciones es no reconocer una derrota electoral, como vemos hoy día en el caso de Roberto Sánchez, que da tantas vueltas como un trompo. Cuando parecía que ganaba Sánchez, todo era felicidad. Cuando los votos se inclinaron a otro lado, empezó a cuestionar el proceso, acusó de fraude y disparó por todas partes. Algo realmente increíble. Y junto con él, López Aliaga también hizo algo parecido, negando la primera vuelta, pero aceptando la segunda.
Y esto no es nuevo. Para solo limitarnos al periodo electoral moderno que parte de 1931 —cuando se crea el Jurado Nacional de Elecciones— veamos dos casos de dos políticos eminentes. Haya de la Torre y Belaunde Terry. En las elecciones de 1931, al tomar el mando Sánchez Cerro en diciembre de 1931—en esa época esa era la fecha— en Trujillo Haya de la Torre desconocía el resultado y se proclamaba —o lo proclamaban— presidente moral del Perú. Más tarde, Belaunde desconoció las elecciones de 1962 y a la larga motivó un golpe de Estado. En ambos casos, más allá de las acusaciones, nadie ha probado fraude en esas dos elecciones. Lo único que sé es que esos caos fueron a la larga fatales, por las consecuencias que trajeron.
La actitud de Sánchez es similar… casi una pataleta… ha llegado a plantear una denuncia al canciller Pareja, lo cual a todas luces es inconducente. Nuestra Cancillería y menos la actual, han tenido que ver nada con eso. Aún más, el problema electoral lo manejan los cónsules peruanos en el exterior, mucho de los cuales son honorarios. Si siguen así, lo que va a suceder es más risa antes que indignación. Sería bueno que saquen lección para el futuro.