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Destruye tu matrimonio

El deseo vive en la sorpresa. Decir todos los días de paporreta “te amo”, acariciar solo cuando hay algún motivo, abrazar producto de un hecho predecible desconecta por completo.

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Carlos Galdós.
Destruye tu matrimonio por Carlos Galdós.
Fecha actualización:
09/02/2026 - 07:00
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1.- DEJA DE SER CURIOSO POR TU PAREJA.

Nada destruye más rápido un vínculo que dar todo por sentado, creer que ya conoces absolutamente todo del otro. “Ya sé cómo eres”, “siempre haces lo mismo”, “no cambias”. Cuando desaparece la curiosidad por quien tienes al frente, el día a día se convierte en un trámite de ventanilla.

Cambiamos todo el tiempo, somos seres en proceso. Traumas nuevos, sueños nuevos, miedos nuevos, versiones nuevas de nosotros mismos aparecen una y otra vez, siempre y cuando no hayas congelado a tu pareja en la versión 1.0, la que conociste hace diez años, la del primer día que te deslumbró. Eso es convertir al otro en un objeto, no en un ser vivo.

¿Cuál es el resultado? Comienza a sentirse invisible y, cuando alguien se siente invisible, empieza a buscar ojos en otro lado.

2.- CONVIERTE EL DÍA A DÍA EN LOGÍSTICA.

La conversación que destruye un matrimonio no es la pelea. Es la de: ¿pagaste el gas?, ¿recogiste a los chicos?, ¿qué hay de comer?, ¿transferiste el dinero?, ¿compraste el papel higiénico?

Casi toda tu comunicación se ha vuelto operativa; las conversaciones que realmente importan se han olvidado. El mundo interno de ambos ha quedado postergado. Ahora son roommates con obligaciones.

3.- TEN SIEMPRE LA RAZÓN.

Nada más insoportable que vivir con un juez. Corrige todo, argumenta por qué el otro está equivocado, minimiza la emoción ajena, gana las discusiones por la razón o por la fuerza.

Aquí la neurociencia es muy clara: el cerebro humano no se abre ante quien constantemente lo corrige. El cerebro se abre ante quien lo comprende. Pero, si tú estás más interesado(a) en tener la razón, lo más probable es que termines durmiendo con alguien que ya no te cuente nada.

4.- VUELVE PREDECIBLE EL AFECTO.

El deseo vive en la sorpresa. Decir todos los días de paporreta “te amo”, acariciar solo cuando hay algún motivo, abrazar producto de un hecho predecible desconecta por completo.

¿Por qué? Porque la conexión habita en lo inesperado. Cuando todo es predecible, nuestro sistema nervioso deja de registrar al otro como novedad. Y si hay algo que ama el cerebro es la novedad.

5.- COMPITE CON TU PAREJA EN VEZ DE ADMIRARLA.

La admiración funciona como si fuera yohimbina emocional. Minimizar logros, hacer chistes que golpean la autoestima, comparar con otros, no celebrar los éxitos, por más chiquitos que sean, lo único que hace es generar en el otro una sensación de ser tolerado.

Y justamente eso es lo que nadie quiere. Yo no quiero ser tolerado, yo quiero ser elegido.

6.- EVITA CONVERSACIONES INCÓMODAS.

Esto es realmente dinamita pura y silenciosa. Si quieres destruir tu relación, evita los siguientes temas: sexo real, dinero real, miedos reales, resentimientos acumulados.

El silencio no significa paz; más bien, podría ser congelamiento emocional. Entendamos de una vez por todas que los vínculos justamente se cimentan en las conversaciones incómodas a partir de las cuales generamos acuerdos.

7.- HAZ SENTIR A TU PAREJA COMO UNA OBLIGACIÓN.

Y eso se explica por sí solo. Si cuando te pide atención suspiras, si cuando te habla le respondes mirando el celular, si escuchas sin escuchar, el mensaje es muy claro:

“Estoy contigo porque tengo que, no porque quiero”.

Y aunque no lo creas, tu cuerpo lo hablará y su cuerpo lo percibirá. El sistema nervioso lo sabe aunque nadie lo diga.

8.- DEJA DE CRECER COMO PERSONA.

Si tú no evolucionas, lo que va a pasar es que tu pareja quedará atrapada en la versión vieja de ti. No hay nada más aburrido que alguien que ya se cree finiquitado, terminado, logrado al cien por ciento.

La evolución personal es demasiado sexy.

9.- USA EL SARCASMO COMO TU IDIOMA OFICIAL.

Cuando el sarcasmo es tu única forma de comunicación, lo que estás logrando en el otro es que su cerebro le diga: “Ese no es un lugar seguro”.

Y si hay algo que necesita la intimidad es seguridad. No genialidad verbal, no frases armaditas de monólogo humorístico gringo.

Seguro te justificarás diciendo que es tu forma de hablar, pero necesitas saber que en los vínculos no te va a funcionar. El sarcasmo en exceso es interpretado como hostilidad disfrazada de “inteligencia”.

De manera más clara: cada vez que usas el sarcasmo para comunicarte con tu pareja, lo que estás haciendo es destruir la seguridad emocional del vínculo. Y sin seguridad no hay intimidad real.

El cerebro no distingue entre burla y ataque. Lo más probable es que comience a fabricar pensamientos como:

“Tengo que medir lo que digo”.

“Mejor me callo porque me va a responder con una burla”.

Y peor aún: “Mejor no hablo”.

Cuando justamente la intimidad necesita poder decir algo torpe y no ser juzgado por ello, poder mostrar miedo, poder equivocarse.

Si ante cada muestra de vulnerabilidad la respuesta es sarcasmo, la otra parte se cerrará. El deseo bajará inmediatamente porque este necesita admiración, seguridad emocional y sentirse visto sin juicio.

El sarcasmo constante es una forma de microdesprecio y este es veneno puro para el erotismo. El sarcasmo muy de vez en cuando puede ser complicidad; el sarcasmo 24/7 es agresión pasiva.

No siempre viene de maldad. Puede venir del miedo a ser vulnerable, de la necesidad de control, de la costumbre familiar o como una manera de evitar conversaciones incómodas.

Y a lo mejor podrías hacer el siguiente movimiento: cambiar el sarcasmo por humor compartido, cómplice. Cambiar el sarcasmo por ironía sobre situaciones, nunca sobre la persona. Y, por último, cambiar el sarcasmo por comentarios con ternura.

Hay quienes dicen que el sarcasmo es interpretado como un signo de personas inteligentes, pero emocionalmente bloqueadas. Y justamente las relaciones profundas, esas que realmente importan, no se construyen desde el bloqueo, sino desde el riesgo de mostrarse sabiendo que serás cuidado.

He desarrollado este punto un poquito más porque en mi coraza emocional hubo una época de mi vida en la que yo era el Señor Sarcasmo. Yo aprendí a usarlo producto de la ridiculización constante. Alguna vez fui minimizado.

Entonces lo que interpreté fue que era mucho mejor hablar con filo que con el corazón abierto. En mi cabeza estuvo instalado durante muchos años el siguiente juicio:

“Antes que se rían de mí, me río yo”.

En un espacio donde no podía expresar mi enojo, aprendí que enojarse era malo, hasta que descubrí que con sarcasmo mi enojo se convertía en socialmente aceptable.

Lo que en algún momento pareció gracioso, me comenzó a aislar.

10.- NO REPARES DESPUÉS DE HERIR.

Aceptémoslo: todas las parejas se hieren. Sin embargo, las que duran son las que reparan. Las que se rompen son las que acumulan. Cada herida sin reparar es distancia.

Tu pareja va a hacer cosas que te van a herir. No adrede, no a propósito, inconscientemente. Y esto ocurre porque muchas veces esperamos algo desde nuestras expectativas que no necesariamente conversan con lo que la otra persona nos puede ofrecer en ese momento. Y ahí es cuando se genera la herida.

Lo que hará la diferencia es la reparación. La conversación incómoda de “cómo me sentí con eso que has dicho o hecho”, y las ganas honestas de disculparse, reparar y generar un acuerdo.

BONUS: DAR POR SENTADO QUE EL OTRO NO SE VA A IR.

Clásico error. Nadie se queda donde se siente solo. Los matrimonios no se terminan por falta de amor; acaban por falta de presencia.

La gente no se va porque deja de amar, se va porque deja de sentirse amada.

A lo mejor esta pregunta te sirve:

¿ESTOY SIENDO LA PERSONA CON LA QUE YO MISMO QUISIERA ESTAR?

 

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