Las terapias de conversión (también llamadas “terapias reparativas” o “de reconversión”) son prácticas que intentan cambiar o reprimir la orientación sexual de una persona. Intentan “volver” heterosexual a alguien gay, ya sea hombre o mujer, y “forzarlo a la normalidad”.
Suelen ser prácticas comunes en países católicos muy religiosos y sobre todo en comunidades ultraconservadoras. Estas prácticas se confunden con ayuda psicológica o espiritual cuando en realidad son consejería religiosa coercitiva.
En mi experiencia (y lo dicen las investigaciones serias también) NO funcionan. Es más: son dañinas. Generan aislamiento social, culpa, humillación, ansiedad, depresión y trauma. Incluso aumentan el riesgo de ideación suicida.
En el Perú, país que todavía tiene cierta población homofóbica y machista, todavía se practican las terapias de conversión.
Las principales asociaciones médicas y psicológicas del mundo (OMS, APA, OPS, etcétera) coinciden en que estas prácticas no cambian la orientación sexual, no funcionan, y son perjudiciales.
Una terapia psicológica verdadera no intenta cambiar quién eres, ayuda más bien a aceptarte. Jamás impone juicios ni creencias, sino que se trata de un acompañamiento que busque el autoconocimiento, aceptación y amor propio.
Les recomiendo muchísimo la estupenda película con Nicole Kidman y Russell Crowe, llamada Boy erased (Niño borrado). Es humana, comprensiva y realista.