¿Se acuerdan de Brian Brady, ese sismólogo gringo que predijo un megasismo limeño de hasta grado 9 para julio de 1981? Brady nos tuvo muy asustados en aquel tiempo, pero felizmente falló. Sin embargo, una sísmica espada de Damocles aún pende sobre Lima, muy afilada por nuestras fallas criollas. Según informes publicados hace un tiempo atrás en El Comercio, una de cada siete viviendas en Lima ha sido edificada por empíricos “maestros de obras” (albañiles experimentados), hechas sin el concurso de ingenieros, calculistas o expertos en suelos. Otro dato estremecedor es que alrededor del 90% de las viviendas informales limeñas han sido construidas —por ser mucho más barato— con ese frágil ladrillo denominado “pandereta”, que jamás debe ser usado para paredes portantes (aquellas que soportan edificaciones o pesos estructurales encima) y menos para construir desde un segundo piso para arriba. El ladrillo pandereta debe usarse solo para paredes medianeras (que delimitan propiedades) o de tabiques (separan los ambientes de las viviendas). Esto significa que unos dos millones de viviendas en Lima, sobre un total de aproximadamente tres millones, se podrían desplomar con un sismo de grado 7 para arriba, epicentro cercano y poca profundidad.
Súmesele que en Lima irresponsablemente se han construido viviendas y edificios en cerros arenosos, bordes de acantilados y zonas de suelos febles (Villa en Chorrillos, La Molina, Ventanilla, etcétera) sin los cimientos especialmente sólidos que se necesitan para construir allí y es para andar con los pelos de punta de solo pensar que algo similar a lo sucedido recientemente en Venezuela con dos sismos de más de 7 grados (o en ciudad de México grado 8 en 1985 o Valparaíso grado 8 en 1985) suceda en nuestra capital. Un terremoto así sería muy distritalmente clasista en Lima, pues la combinación básica de mejores suelos (por rocosos) y edificaciones correctamente hechas se halla en San Isidro y allí el evento se soportaría mucho mejor. ¡A persignarse!