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Debate: manual de insultos

"Demoler al rival como si eso fuera una política pública, cuando en realidad es abrirle trocha a candidatos dispuestos a patear el tablero, no solo evidencia incompetencia: delata profundo desinterés por cualquier cosa que no sea su propia candidatura”.

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(Midjourney/Perú21)
(Midjourney/Perú21)
Fecha actualización:
29/03/2026 - 07:10
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A esta campaña electoral le sobran —como mínimo— 30 candidatos. Y quizá también pudor.

Luego de una contienda apenas visible, los debates han terminado siendo una versión exprés del descarte político, disfrazada de entretenimiento deprimente. Si fueran un postre, serían esa gelatina temblorosa que llega al final de un almuerzo mediocre, rodeado de comensales que uno no invitó —y que tampoco piensa volver a ver—.

La característica más notoria de esta sobrepoblación de candidatos ha sido, curiosamente, la escasez de candidatos interesantes. Lo que abunda no es oferta política, sino fauna: aventureros, iluminados de ocasión y buscadores profesionales de notoriedad inútil.

Así, una vez más, regresamos al voto en contra, al voto vengativo, o a la elección desesperada del mal menor con la fe —casi religiosa— de que, con suerte, crezca.

Incluso con expectativas ya por el suelo, sorprende la indigencia intelectual y la falta de preparación de buena parte de los candidatos frente al compromiso que dicen asumir con el país. Los debates estaban anunciados hace un mes. Tuvieron tiempo de sobra. No lo hicieron. No quisieron. O, peor aún, lo intentaron con los resultados ya vistos.

Leer propuestas escritas por terceros, esconder la mirada o dedicarse a demoler al rival como si eso fuera una política pública, cuando en realidad lo que eso hace es abrirle trocha a candidatos radicales dispuestos a patear el tablero, no solo evidencia incompetencia: delata un profundo desinterés por cualquier cosa que no sea su propia candidatura. El servicio público, en este contexto, es apenas un accidente.

Y, como si eso fuera poco, varios optaron por hablarle exclusivamente a su propia tribu. Política hecha para el algoritmo: mensajes diseñados para convencer a los ya convencidos. Endogamia discursiva en estado puro. Una democracia convertida en feed. No importan las ideas: importan los clips, los recortes, la viralidad de burbuja.

Hubo, sí, perdedores evidentes y ganadores circunstanciales. Pero el derrumbe de los primeros fue mucho más espectacular que el tímido ascenso de los segundos. El fracaso ajeno, ya se sabe, tiene ese magnetismo morboso que explica por qué todos frenan a mirar un choque.

En ese escenario, el insulto y la descalificación se imponen como la verdadera moneda de cambio. No porque sean inteligentes, sino porque son fáciles. Y porque algunos confunden la demolición con una propuesta, como si arrasar con el otro fuera una forma de construir país. No lo es. Es, en el mejor de los casos, vanidad con micrófono. En el peor, pura irrelevancia amplificada.

Así que basta de fingir superioridad moral. Si los debates van a ser, en la práctica, un carnaval de agravios, al menos háganlo bien. Ofendan con método. Ataquen con estilo. Si van a caer bajo, háganlo con elegancia.

En ese espíritu de servicio aquí va una modesta contribución al repertorio nacional de descalificaciones: un pequeño manual para insultar mejor.

En vez de decir “candidato del PRIN, a usted no se le entiende lo que dice”:

•  “Su entusiasmo es inversamente proporcional a su comprensión”.

•  “Admiro la tranquilidad con la que opina sobre lo que no entiende”.

•  “Tiene usted una relación experimental con el conocimiento”.

•  “Su discurso entretiene, aunque no necesariamente informa”.

En vez de decir “candidato López Aliaga, usted es un soberbio”:

•  “Su confianza en sí mismo es admirablemente impermeable a la realidad”.

•  “La duda, en su caso, parece haber sido descartada como método”.

•  “Habla usted con una certeza que agradecería, al menos, un dato”.

•  “Su idea de diálogo consiste en escucharse en voz alta”.

•  “Aspira a liderar sin haber demostrado aún que puede ubicarse”.

En vez de decir “candidato ‘Toco Toco’, usted no le ha ganado a nadie”:

•  “Su liderazgo parece adelantarse a una experiencia que todavía no ocurre”.

En vez de decir “candidato López-Chau, ¿de dónde saca para pagarle 175,000 dólares a su asesor?”:

•  “Su campaña combina generosidad económica con una notable timidez explicativa”.

•  “Más que un candidato, usted parece una estructura financiera con vocación política”.

•  “En su caso, el misterio no es el mensaje, sino quién lo financia”.

En vez de decir “candidato Atencio o Sánchez, usted vende resentimiento como ideología”:

•  “Su propuesta tiene la virtud de convertir cualquier problema en combustible”.

•  “Donde otros buscan soluciones usted capitaliza la ira”.

•  “Su proyecto político no resuelve conflictos: los necesita”.

•  “Crece usted a la misma velocidad que el malestar que alimenta”.

En vez de decir “señor Olivera, ¿usted qué otra cosa sabe hacer?”:

•  “Su candidatura es, sobre todo, una prolongación de sí mismo”.

•  “Tiene usted el raro talento de ser siempre el tema, incluso cuando no corresponde”.

•  “Confunde usted presencia con relevancia”.

•  “Su vocación pública parece, esencialmente, autobiográfica”.

Señores candidatos: de nada. Y, con algo de suerte, hasta nunca.

 

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