Toleramos tanta estupidez con Dina Boluarte y sus ayayeros, y hemos caído en la extrema locura, como diría Umberto Eco al referirse a la degradación de la sociedad y la política. La frase cobra actualidad tras las primeras horas al mando del nuevo presidente José Jerí, quien se ha prestado a una sesión fotográfica en la cárcel al mismo estilo de comunicación del Gobierno salvadoreño. Sus asesores de comunicación son predecibles y poco creativos. Las fotografías de Jerí buscan el parecido con Nayib Bukele y tienen el mismo guion: la cárcel como escenario, los presos aglomerados en el patio, el presidente entre policías y el mensaje que intenta darle autoridad.
Su equipo digital parece empeñado en borrar el pasado vergonzoso del presidente. En cuestión de horas borraron tuits misóginos y machistas, sus cuentas dejaron de seguir a otras pornográficas. El problema es que se puede borrar lo superficial, armar una pantomima, un teatro político, pero todas esas acciones son insostenibles cuando se evita responder los cuestionamientos, y los hay graves: su maratónico incremento patrimonial cuando presidió la Comisión de Presupuesto del Congreso, la denuncia archivada por violación sexual y la orden de empezar tratamiento psicológico.
Sus asesores quieren vendernos la idea de que Jerí es la extensión de Bukele, la versión peruana que combatirá a las organizaciones criminales y acabará con las extorsiones. El problema es que confunden el teatro con la gestión: sin gabinete ministerial, sin cifras, sin estrategia todo resulta insulso. Jerí llegó a Palacio de Gobierno sin equipo para gobernar, pero ya tiene entre bastidores una fila de angurrientos buscando una cuota de poder. Los mismos de siempre: su partido político Somos Perú y Alianza para el Progreso, y Fuerza Popular no quieren perderse la repartija.
En sus primeras horas, Jerí también apareció en un incendio con algunos ministros de Dina Boluarte. Un hecho que parece menor, pero que refleja improvisación. Valgan verdades, Jerí tampoco tiene experiencia política; fue el accesitario de Martín Vizcarra y su gestión como presidente del Congreso tuvo apenas 6% de aprobación, y ha respaldado ocho leyes polémicas que favorecen el delito.
No estamos para ensayos ni puestas en escena. Ningún plan de comunicación puede maquillar la improvisación. Convocar a un Acuerdo Nacional sin fecha ni hora es otra estrategia de marketing político que ya nadie cree. “Jerí, violador”, le gritaba la gente durante el incendio en Pamplona Alta. Si no existe un compromiso por esclarecer los cuestionamientos, no habrá cálculo político que pueda contra la indignación. Ya no queremos más memes.