Thomás, por su parte, es un chico trans cuyo padre se negaba a aceptarlo. Para “sacarle ese demonio” lo llevó con frecuencia a una iglesia cristiana, en Lima, a la cual asistía la familia. Allí, era sometido a rituales en los que era puesto de rodillas, rodeado e insultado intensamente. “Mi familia y su iglesia me veían como un monstruo”, cuenta. Tres meses después de la última visita, Thomás intentó suicidarse.