El Perú nos genera sentimientos encontrados. Por lo general, en el mes de la patria, prevalecen los sentimientos positivos, aunque en los últimos tiempos aflora cada vez más el pesimismo. En la encuesta de Ipsos para Perú21 de este año las primeras menciones son para la esperanza (36%) y el orgullo (34%), pero lo cierto es que en ambos casos ha habido un declive en la convicción. En 2005, el orgullo (48%) y la esperanza (45%) eran más generalizados. Lo contrario ha ocurrido con sentimientos negativos como la pena (sube de 12 a 26%) y la vergüenza (sube de 7 a 20%). La pena fue mayor en el terrible 2020, el año de la pandemia, pero las causas de la tristeza actual son probablemente los mismos problemas que nos avergüenzan como sociedad.
Los motivos de vergüenza son harto conocidos: la delincuencia (60%) y la corrupción (59%), seguidos en la encuesta por los políticos (44%) y la injusticia (39%). En todos los casos ha habido un incremento en el número de menciones con relación al pasado, lo que revela la intensidad del malestar. Tenemos que hacer el mayor esfuerzo para que los peruanos votemos bien en 2026, de manera que los políticos dejen de ser un problema y pasen a ser parte de la solución.
Los motivos de orgullo, en cambio, han ido variando con el tiempo de manera positiva. Mientras que hasta 2015 las primeras menciones eran para Machu Picchu y los recursos naturales, a partir de ese año, la cocina/gastronomía se despunta y pasa al primer lugar y la cultura/arte al segundo, dos expresiones vivas de la creatividad de los peruanos. El liderazgo de la cocina/gastronomía (48%) no es homogéneo. Es más mencionado en Lima, el norte y el centro del país. En cambio, la cultura/arte (44%) recibe más menciones en el sur y el oriente.
La verdad es que al Perú le sobran motivos para sentirse orgulloso. Además de su gastronomía y su riqueza cultural, no hay duda de que Machu Picchu es un ícono mundial y que es un faro de atracción para que los viajeros conozcan nuestro enorme patrimonio histórico. Esperemos que se construya pronto el teleférico de Choquequirao, el “otro Machu Picchu” para revitalizar el turismo.
Lo mismo puede decirse de los recursos naturales. En los últimos 25 años se han hecho inversiones sustanciales, generadoras de empleo y divisas, para aprovechar nuestros recursos, especialmente en minería, energía y agroindustria. Por ejemplo, ya ocupamos los primeros lugares del mundo en la exportación de arándanos, uvas, paltas, café, cacao, espárragos, mangos, mandarinas, quinua, cebollas y más.
Quizá falta un mayor esfuerzo comunicacional para que los peruanos seamos más conscientes de los muchos motivos que tenemos para seguir creyendo en nuestro país y en el impacto positivo de la empresa privada en su desarrollo.