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Con la educación no, congresista Sánchez

"Abrir masivamente las puertas de las universidades sin fortalecer previamente la infraestructura, la investigación, los laboratorios, la calidad docente y la vinculación con el mercado laboral no resuelve el problema; corre el riesgo de ampliarlo".

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Columna de Marcelo Cornejo
Fecha actualización:
04/06/2026 - 07:00
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La educación merece debate, no consignas. Por eso preocupa la propuesta del congresista-candidato Roberto Sánchez de impulsar universidades de acceso universal como respuesta a los problemas de la educación superior peruana. La idea puede sonar atractiva en campaña, pero las políticas públicas no se evalúan por los aplausos que generan, sino por los resultados que producen.

El Perú no tiene hoy un problema exclusivo de acceso. Tiene, sobre todo, un problema de calidad, pertinencia y empleabilidad. Abrir masivamente las puertas de las universidades sin fortalecer previamente la infraestructura, la investigación, los laboratorios, la calidad docente y la vinculación con el mercado laboral no resuelve el problema; corre el riesgo de ampliarlo.

La experiencia internacional demuestra que expandir matrículas sin elevar estándares suele generar una consecuencia conocida: más graduados, pero no necesariamente más profesionales competitivos. Y cuando la economía no crece al ritmo que demanda esa nueva oferta de egresados, aparece una realidad mucho más dura que cualquier discurso electoral: el desempleo profesional y la frustración social.

Miles de familias realizan enormes sacrificios para que sus hijos accedan a la educación superior. Lo hacen porque creen que el esfuerzo académico será recompensado con mejores oportunidades. Sin embargo, si el Estado promueve una expansión universitaria sin una estrategia paralela de crecimiento económico, innovación, inversión privada y generación de empleo formal, terminará produciendo una paradoja dolorosa: más jóvenes con títulos, pero menos jóvenes con futuro.

Resulta igualmente contradictorio plantear un aumento sustancial del presupuesto educativo mientras se defienden enfoques económicos que generan incertidumbre para la inversión y el crecimiento. Incrementar la inversión pública en educación puede ser una decisión correcta. La pregunta es cómo se financiará de manera sostenible y qué economía generará los recursos para hacerlo posible.

Los países que lograron fortalecer sus sistemas educativos no lo hicieron cerrándose al mundo ni debilitando la inversión productiva. Lo hicieron creciendo, atrayendo capital, impulsando innovación, desarrollando tecnología y generando empleo de calidad. La educación no prospera en economías estancadas. Necesita un sector privado dinámico capaz de absorber talento, crear oportunidades y transformar conocimiento en productividad.

La meritocracia tampoco debe convertirse en una mala palabra. La verdadera inclusión consiste en ofrecer igualdad de oportunidades para competir y progresar, no en prometer resultados que el sistema no puede sostener. Una universidad sin exigencia académica no democratiza el conocimiento; lo devalúa.

El Perú necesita más becas, mejores colegios, universidades fortalecidas, investigación aplicada y carreras alineadas con las necesidades productivas del país. Necesita una educación conectada con el desarrollo económico y no aislada de él.

Porque la educación puede abrir puertas, pero solo una economía que crece puede mantenerlas abiertas. De lo contrario, seguiremos acumulando jóvenes con diplomas, expectativas elevadas y frustraciones crecientes.

Con la educación no, congresista Sánchez.

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