En el transcurso de la vida, nuestro cuerpo va experimentando constantes cambios. Quizá el primer gran cambio ocurre en la mujer con la pubertad, donde las niñas presentan el primer periodo menstrual con el consecuente cambio hormonal que impacta no solo en el cuerpo, sino en la propia personalidad. Luego, vienen otros como el embarazo y, más adelante, la menopausia. Todos estos cambios y su impacto en la migraña los revisaremos en otra columna.
Primero: Si hablamos de cambios, podemos decir que lo mismo ocurre con la migraña. Como sabemos, esta enfermedad del cerebro se presenta desde la niñez (muy poco reconocida), siendo los niños más propensos que las niñas. Los dolores de cabeza tienen una diferente característica comparada con los de los adultos, siendo estos dolores más cortos (con unas dos horas en promedio de duración), el dolor es en toda la cabeza, hay palidez y el niño se “apaga”, para regresar a la actividad normal como si nada hubiese pasado en pocas horas. “Es un mañoso; se hace que le duele para no hacer la tarea”. Craso error. Aprenda a identificar la migraña en su hijo y evítele demorarse cinco años en ser llevado a un médico.
Segundo: Recuerde que el dolor en la migraña es solo parte de un proceso que comienza hasta un día antes, donde puede presentar fatiga, falta de concentración, bostezos, ansiedad por comer dulce: los pródromos de los que ya hemos hablado. Luego, aparece el dolor pulsátil en la hemicara, con molestias por la luz y los ruidos, y en algunos casos con náuseas. Hoy se sabe que un porcentaje alto de pacientes tiene dolor que comienza en el cuello con esas características, y sigue siendo migraña. Ojo con esto.
Tercero: Aguantar el dolor no es buena estrategia. “Ya se irá” funciona en muy pocos. Si un dolor comienza y se perpetúa o escala rápidamente, tiene usted entre 30 y 40 minutos para tomar la decisión de comenzar tratamiento con el analgésico que le funcione: paracetamol, antiinflamatorio, triptan o gepant. Si no lo cortamos al inicio, será mucho más difícil más adelante.
Cuarto: No se olvide de que tampoco es que uno deba pasársela apagando “incendios” todos los meses, pues la migraña se puede cronificar y, entonces, se hace más difícil su tratamiento. Si usted tiene dos días de dolor a la semana, eso hace ocho días al mes. Si hacemos el cálculo en un año, habrá pasado algo más de tres meses viviendo con dolor. ¿Vale la pena? Acuda a un médico para iniciar tratamiento preventivo para sus migrañas.
Quinto: Hoy hay nuevas opciones de tratamiento. Lo que no funcionó en el pasado puede volver a funcionar si se usa adecuadamente, por tiempo suficiente y a dosis terapéuticas. Si no, tenemos como alternativas los anticuerpos monoclonales, los gepants y, para casos especiales, la toxina botulínica.
La migraña no tiene que ser una sentencia. Requiere entenderla, saber dónde queremos llegar con el tratamiento para recuperar así nuestra vida y no tener ese miedo la próxima vez que tengamos una reunión familiar y piense: “Ojalá no me dé migraña”.