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Apuntes electorales

"La elección aún no se ha producido, pero ya escuchamos acusaciones de fraude anticipado. (…) Se está preparando el terreno para que quien pierda cuestione la transparencia y legitimidad de los resultados”. 

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(Midjourney/Perú21)
(Midjourney/Perú21)
Fecha actualización:
05/04/2026 - 07:05
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Solo nos separan siete días de una fecha clave para el futuro del país. Y, aunque esta campaña haya suscitado niveles históricamente bajos de interés, no está de más recordar todo lo que se pone en juego en esta elección y hacer un ejercicio serio de pensar nuestro voto y honrar el privilegio que significa elegir a nuestros representantes.

En esa línea, acá pongo a consideración algunos elementos a tomar en cuenta al momento de ir a las urnas.

1. Sobre el rol del Congreso

Nuestro sistema político se ha vuelto un modelo parlamentario de facto, en una versión precarizada de algunas democracias europeas. Es decir, solo quien puede sostener el apoyo mayoritario del Parlamento puede sostener la presidencia. Esto es lo que ha explicado la seguidilla de presidentes que ha desfilado en el último quinquenio.  

Idealmente, aquel que ejerza la presidencia debiera tener el respaldo de una bancada de una magnitud tal que, con solo sumar algunos pocos votos de otras agrupaciones, logre una mayoría. No obstante, dado lo atomizado del voto en primera vuelta, los dos candidatos que pasen a la segunda solo controlarán una fracción minoritaria de los escaños disponibles.

Así las cosas, el voto al Congreso es tan o más importante que el voto por la Presidencia, pues será este quien tenga la sartén por el mango.

En unos comicios tan complejos como estos, con 36 agrupaciones y 5 elecciones paralelas (Presidencia, Senado nacional, Senado regional, Cámara de Diputados y Parlamento Andino), conocer el menú legislativo y elegir bien es una tarea monumental, pero bien vale el esfuerzo.

2. Sobre el mandato de las mayorías

Gane quien gane la presidencia, habrá sido elegido por un grupo muy minoritario de ciudadanos.  Ya en la última elección, el ganador fue elegido por un 15% en primera vuelta. Y considerando el 30% de ausentismo registrado, en la práctica solo un 10% de peruanos optaron por quien terminó imponiéndose en segunda vuelta.

En este proceso, el resultado será previsiblemente igual o incluso más atomizado. Por ello, es importante que quien triunfe sepa leer y respetar la voluntad mayoritaria de los peruanos respecto del tipo de gobierno que buscan. En particular, a juzgar por la intención de voto a la fecha, una clara mayoría se decanta por opciones que plantean respetar el modelo económico.

Así, en caso de que una opción de izquierda termine haciéndose de la presidencia, debiera tomar en cuenta que el apetito de una amplia mayoría de peruanos es el de mantener los elementos fundamentales del modelo económico que ha sostenido al Perú durante las últimas décadas (un Banco Central independiente, un control del déficit y la deuda pública, una intervención limitada del Estado en la economía, entre otros elementos).

Contravenir estos principios no solo iría contra la voluntad mayoritaria, sino que sería también torpe, puesto que implicaría enfrentarse a una mayoría congresal que, como señalé en el primer punto, es la que hoy tiene la última palabra.

3. Sobre la narrativa de fraude

La elección aún no se ha producido, pero ya escuchamos acusaciones de fraude anticipado desde diversas candidaturas. Es decir, se está preparando el terreno para que quien pierda cuestione la transparencia y legitimidad de los resultados.

Esto ya lo vivimos y es muy peligroso. La experiencia luego de la segunda vuelta de 2021 fue realmente dañina para nuestra democracia. Se pretendió, sin pruebas, revertir el triunfo de quien había ganado por un margen sumamente estrecho, pero finalmente había ganado. Ello polarizó aún más al país y transmitió el mensaje de que el voto de un gran número de peruanos (además, el de los menos favorecidos) importaba poco.

La regla más fundamental de una democracia es que quien obtiene más votos debe ganar. Y que quien está dispuesto a aceptar un triunfo, debe también estar dispuesto a respetar una derrota. Si no somos capaces de seguir esas reglas básicas de juego, habremos retrocedido décadas en nuestra madurez democrática y estaremos profundizando el ciclo de inestabilidad en el que estamos desde hace una década.

Que este 12 de abril sea una oportunidad para un nuevo comienzo y el inicio de un ciclo más estable, menos polarizado y más próspero para todos los peruanos. 

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