En el Perú a menudo nos copiamos ideas mediáticas del exterior, sin mayores ‘paltas’ y generalmente con éxito. Por ejemplo, el diario Gestión y el televisivo Panorama provienen de iniciativas iguales que se dieron anteriormente en Chile y México. Lo mismo sucedió con el recordado Aló, Gisela, que se inspiró en el programa argentino Aló, Susana, que consistía básicamente en que una rubia atractiva y conocida hablase huevadas intrascendentes por teléfono con los televidentes que la llamaban. Ahora Dina Boluarte pretende imitar al dictador venezolano y a los expresidentes López Obrador (México) y Rafael Correa (Ecuador) con un programa dominical en el canal 7, siempre y cuando sea legalmente posible, dadas las limitaciones a la intervención estatal antes de las elecciones.
No parece que le vaya igual de bien que a los tres mencionados, pues Boluarte carece de la facilidad de palabreo demagógico de ellos, que, además, iniciaron esos espacios con índices de popularidad mucho más altos que los ínfimos que registra nuestro crédito nacional. Si bien lo criticable es el gasto que va a significar darle un espacio, es indudable que ese programa va a animar la tragicomicidad en nuestro país, tan experto en generar esperpentos y sainetes.
Probablemente, a buenos palabreros como Fernando Belaunde y Alan García les habría ido mejor en esta aventura comunicacional, aunque seguramente Belaunde hubiera hastiado pronto con su obsesión romántica con la selva y el vacío de su poético relumbrón retórico; mientras que Alan 1 era asfixiante con su egocentrismo, su imitación escandalosa de Haya, sus pleonasmos y cierta huachafería en el discurso (el Alan 2 era mucho mejor). Fujimori, Humala y PPK eran bastante malos oradores y muy flojos en las réplicas necesarias. Y peor el presumiblemente retrasado mental de Pedro Castillo, que ni siquiera pudo acabar de contar el chiste ese del pollito (que ese fronterizo haya llegado a ser nuestro presidente dice muy poco del Perú).
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