Este miércoles 4, Alianza Lima debutará, ante el Club 2 de Mayo, en la Fase 1 de la Copa Libertadores, donde el año pasado fue el equipo sensación del continente, superando todas las fases previas, metiéndose a Grupos, clasificando a la Sudamericana y llegando hasta cuartos de final de ese certamen. Fue —quizás— la mejor campaña internacional de su historia, pero en un partido o dos (ante la Universidad de Chile) fue eliminado y perdió absolutamente todo su estatus. Y al volver al campeonato peruano, solo un milagro los hubiera metido en seria competencia. Entonces, desde las limitaciones estructurales, históricas y deportivas de los clubes peruanos, ¿es lógico jugársela por completo en un torneo que es tan ingrato como el deseo?
El cuadro paraguayo, debutante en este torneo, le bastó un golazo de Diego Acosta para ganarle a un cuadro íntimo que se quedó sin ideas y regaló un tiempo.
La temporada pasada, Alianza Lima se dejó llevar por las ansias de alcanzar la gloria sudamericana y de emular lo hecho por Cienciano u otro club ‘tapadito’ que haya conseguido lo mismo, quizás, pero cayó. Intentando, pero cayó. Entre aplausos, pero cayó. Con la frente en alto, pero cayó. Y si cayó, “habrá que volver a intentarlo”, pensarán y dirán algunos, pero “a qué costo” es lo que no se preguntan. El costo podría ser el mismo que en 2025, que pudo haber sido un campañón, pero no. Los blanquiazules se quedaron sin título nacional y, ni siquiera, una final internacional. Resumen: Alianza ganó mucha moral, pero ninguna Copa. El pecho se infló, pero la vitrina no se llenó. Y lo primero se desinfla tan rápido como un plantel en mercado de pases o como ser testigos de una denuncia por abuso sexual. Tan solo cinco meses después de rozar la gloria eterna, el club ahora busca recuperar su paz interna.
Chávez, una de las promesas más destacadas del fútbol peruano se iría cedido del Bayern Munich al FC Colonia de la Bundesliga con opción de compra.
En ese sentido y bajo el contexto del costo de oportunidad, el hincha, el futbolista, el dirigente y hasta el periodista quiere que Alianza Lima gane siempre, pero a veces —solo a veces— no conviene. Antes del pitazo inicial, la mesura debe imponerse a la locura.
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