Como la gran mayoría de venezolanos, sentí un gran júbilo al despertarme hace unos días y enterarme de la caída del tirano Nicolás Maduro. Ver arrestado a un dictador, corrupto y asesino se siente como un acto de justicia y merecido destino para quien ha infligido tanto daño a un país.
La operación de arresto conducida por las fuerzas armadas de Estados Unidos fue impecablemente ejecutada. No obstante, los planes para lo que viene después en Venezuela no parecen haber sido diseñados con el mismo cuidado. Y, por lo que hemos venido escuchando del propio presidente Trump y de los más altos funcionarios de su administración, facilitar el proceso de transición a una democracia en Venezuela no es la prioridad para Estados Unidos.
De hecho, en la conferencia de una hora que brindó Trump horas después de la operación, la palabra “democracia” no fue mencionada una sola vez, mientras que la palabra “petróleo” fue mencionada 27 veces, un dato revelador de las prioridades del Gobierno norteamericano. Quizás el más transparente en reconocerlas ha sido el vicepresidente J.D. Vance, cuando, en una entrevista brindada el miércoles a Fox News, señaló que Estados Unidos podrá “controlar los recursos naturales de Venezuela… lo que garantiza que, si necesitamos energía barata y de alta calidad, siempre tendremos acceso a ella”.
Incluso, si la reactivación de la industria petrolera tuviera como principal beneficiario a Venezuela, este debiera ser un objetivo secundario. Como escribió esta semana el célebre economista venezolano Ricardo Hausmann (exiliado por el régimen y hoy profesor en Harvard), la paz y prosperidad de Venezuela —y de cualquier país del mundo— no vendrán del petróleo u otro recurso natural, sino de una democracia sólida, con derechos que se respeten e instituciones que sirvan. El crecimiento económico será una consecuencia natural de ese primer objetivo.
Por ello, preocupa también que la administración Trump haya descartado de plano un rol para María Corina Machado, reciente Premio Nobel de la Paz. El presidente argumentó que ella “no es respetada en su país”, aun cuando en 2024, su movimiento obtuvo una abrumadora victoria electoral que Maduro arrebató en un grosero fraude.
La democracia tiene como uno de sus principios fundamentales que quien reúne un mayor apoyo popular tiene la legitimidad para gobernar. Así, ¿quién podría ser más respetada que Machado en su país para esta tarea? Así como el fraude de Maduro fue un atropello a los ciudadanos venezolanos, también lo es la decisión de un presidente extranjero que va contra su voluntad expresada en las urnas.
Y más allá del caso específico de Venezuela, tal como señala la revista The Economist en su última edición, hoy preocupa el envalentonamiento de la administración Trump con el indiscutible éxito militar de su operación en Venezuela. Al ser preguntado sobre si su administración debiera conducir una operación militar en Colombia, Trump respondió que “le suena bien”. También dijo que los cárteles de drogas están gobernando México y que Estados Unidos “debe hacer algo al respecto”. Y quizás lo más preocupante es la insistencia con el tema de la incorporación de Groenlandia al territorio de Estados Unidos. Lo que inicialmente fue tomado como una de las habituales bravuconadas presidenciales, hoy se ha vuelto uno de los temas centrales de la agenda de Trump. Y ya no solo se habla de su anexión por la vía de la adquisición. La propia vocera de la Casa Blanca Karoline Leavitt declaró que el uso de la fuerza militar en Groenlandia es “siempre una opción”.
En última instancia, de continuar en esta línea, el Gobierno de Estados Unidos terminaría dando la razón a las imputaciones de “imperialismo yankee” que por décadas han sido uno de los temas centrales de los nefastos regímenes socialistas que subsisten, y que han usado esta perorata como parte de su discurso empobrecedor y esclavizante.
En esta, como en todas las materias complejas, no debemos dejarnos seducir por la tentación del simplismo. La caída de Maduro es una maravillosa noticia. Pero las motivaciones y planes de Estados Unidos para Venezuela (y otros países) resultan hoy preocupantes.