La suerte está echada: Keiko Fujimori ganó las elecciones presidenciales en el Perú, al 100% del conteo de votos y, en consecuencia, después de haberse absuelto la última acta observada, podemos afirmar que ella será la próxima presidenta del Perú, para el quinquenio 2026-2031. Este será un periodo que puede marcar una nueva etapa política en esta crisis que vivimos desde el 2016 y que justamente fue gestada por la propia Keiko y su necedad para aceptar los resultados electorales y arremeter con el poder que ha tenido en el Congreso para subvertir la institucionalidad del país y debilitar nuestro sistema democrático.
Ahora, ella tiene el control casi absoluto del poder en el Perú; no hay forma de excusarse para no hacer un gobierno aceptable, que permita salir al Perú de esta crisis política que nos tiene arrinconados desde hace 10 años. Ahora tiene el poder total del Ejecutivo, mayoría en el Parlamento y ha logrado en estos años someter a las principales instituciones del sistema de justicia, como el TC, la JNJ, además de la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría, la Contraloría y hasta el Ministerio Público.
Por eso le han limpiado de sus delitos y ha arremetido contra los operadores de justicia que la investigaban y ya la tenían en fase de juicio oral, que probablemente hubiera terminado en sentencia de cárcel, por todas las pruebas que la han incriminado en un ruleteo de dinero mal habido, con el que ha financiado sus campañas políticas, que incluyen el escándalo de corrupción Lava Jato, donde se comprobó que recibió dinero de la corrupta empresa brasileña Odebrecht.
Así que ahora está limpia de polvo y paja; los fiscales y jueces que ordenaron su detención y la cárcel que ha purgado hoy están fuera de la judicatura, no por incompetencia, al contrario, porque han sido víctimas del poder absoluto que tiene el fujimorismo en las instancias de control del sistema de justicia, ya que fueron decisiones controvertidas e ilegales que le permitieron tumbarse sus procesos judiciales; Keiko jamás fue absuelta, no demostró su inocencia, ella utilizó el poder desde el Congreso para que los procesos judiciales se caigan y, no contenta con ello, ha logrado sanciones ilegales a los jueces y fiscales que la procesaron.
Por todo esto, es determinante que Keiko entienda que, si sigue en esa tónica, ahora que tiene la gran oportunidad de su vida, de hacer un gobierno aceptable, puede estar exponiendo su próximo gobierno y podría llevarnos a una crisis profunda. Es momento de que piense en el país, por encima de sus venganzas personales, si quiere reconciliarse con ese Perú que no la quiere y que no acepta su triunfo electoral.