El régimen dictatorial de Miguel Díaz-Canel en Cuba enfrenta una nueva ola de protestas ciudadanas y la única forma que ha hallado para “controlarlas” es con más y más represión.
Durante los primeros días de octubre, miles de cubanos ocuparon las principales calles de La Habana para expresar el hartazgo generalizado de un pueblo cansado de vivir sin agua, sin luz y rodeado de montones de basura. Las protestas reflejan el agotamiento ante años de escasez y fallas en los servicios básicos que la dictadura no garantiza.
Los cortes de agua y electricidad en Cuba, que alcanzan las 20 horas diarias, se producen principalmente por infraestructura envejecida, escasez de combustibles, averías en plantas eléctricas y redes de distribución, y problemas de gestión que impiden una operación estable; mientras tanto, camiones recolectores de basura también están averiados o sin combustible, perjudicando la recolección regular y empeorando las condiciones de vida.
Según la empresa estatal Unión Eléctrica, ayer sábado el 49% de Cuba tuvo apagones simultáneos durante el horario de mayor demanda de energía en la tarde-noche. Una verdadera crisis.
Basura en las calles de La Habana, Cuba, en julio de 2025. (FOTO: AFP)
DICTADURA AMENAZA
Ante las justas demandas ciudadanas, la respuesta del Gobierno ha sido amenazar y reprimir. En ese sentido, reforzó la presencia militar y policial, incorporando efectivos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y del Ministerio del Interior (Minint) en las principales ciudades afectadas.
“Los reclamos de la población son legítimos, pero tienen que hacerse en los lugares establecidos: el partido, las instituciones del Gobierno y del Estado. Nadie está autorizado a cerrar una vía pública”, sostuvo Díaz-Canel.
Al menos 15 personas permanecen detenidas en La Habana a raíz de una protesta pacífica el 7 de octubre en el reparto Santa Felicia, en el Municipio de Marianao, según informó el grupo de asesoría legal Cubalex, que también alertó “sobre el uso de la represión y la criminalización de la protesta pacífica como mecanismos para silenciar el descontento ciudadano en Cuba”.
Estas acciones, añadió, confirman lo dicho por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) de que “el régimen quiere infundir terror ante su estrepitoso fracaso socioeconómico y su incapacidad para buscar soluciones”.
El OCDH informó que desde enero ya son “2,462 acciones represivas” de la dictadura cubana “con el fin de impedir o limitar el ejercicio de derechos civiles y políticos”. De estas, 461 corresponden a detenciones arbitrarias.
En tanto, como era de esperarse, Díaz-Canel culpó al sector privado por los problemas de suministro y exigió mayor control. Ordenó inspecciones a negocios privados para verificar el cumplimiento de los planes de consumo eléctrico, advirtiendo que quienes lo incumplan podrían ser cerrados, y pidió implementar un sistema de control del combustible.
La respuesta del Gobierno se mantiene centrada en racionar los escasos recursos disponibles, en lugar de garantizar una distribución estable de los servicios esenciales para una vida digna.
"Hay que ordenar las cosas en La Habana. Ha faltado cooperación. Están convocadas todas las fuerzas que tienen el compromiso de ayudar a salvar a la capital de los agudos problemas generados por el bloqueo pero también por la desidia", dijo Díaz-Canel.
MAL PRECEDENTE
Como se recuerda, en julio de este año, Estados Unidos anunció por primera vez sanciones contra el presidente Díaz-Canel “por su papel en la brutalidad del régimen contra el pueblo” al cumplirse cuatro años de las históricas protestas de 2021.
Aquella vez, Cuba vivió una ola de protestas sin precedentes desde la revolución de 1959. También demandaban mejoras en los servicios básicos en medio de una grave crisis económica y sanitaria por el COVID-19. La respuesta del Gobierno fue una fuerte represión, que resultó en al menos una muerte, decenas de heridos y más de 1,000 detenciones.
El régimen cubano calificó las protestas de “actos vandálicos” y culpó a factores externos, como una supuesta campaña mediática de Estados Unidos. En los años posteriores, muchos de los detenidos fueron procesados y condenados, y algunos aún permanecen en prisión.
¿Cómo terminarán las protestas de ahora? Los precedentes no son nada alentadores.
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