Empecé a pintar las Tablas de Sarhua, que es una pequeña comunidad ayacuchana, a los 17 años, a raíz de la muerte de mi padre. Tenía que ayudar a mi madre a salir adelante. Recuerdo que, en ese momento, quería ser veterinaria, pero ahora tengo muchos sueños con este arte, quiero hacer pinturas que generen conciencia a la sociedad.