El narcotráfico en el Perú aún no es un problema de segundo orden. El crecimiento de otras economías delictivas como la minería ilegal ha hecho que, mediáticamente, el problema de la cocaína en el Perú pase a convertirse en un problema secundario. Sin embargo, los números actuales asustan, y mucho más las nuevas formas que las firmas del narcotráfico usan para seguir exportando miles de kilos de coca desde nuestro país.
La dinámica de la cocaína en el mundo tiene incidencia directa en las prácticas locales de las zonas de producción de hoja de coca en nuestro país. Actualmente, según los últimos datos del Monitoreo de cultivos de coca de la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida Sin Drogas (Devida) en el país se contaron 89,755 hectáreas de cocales, sin embargo, hay una zona gris que aún no se puede contabilizar (Ver recuadro). De esto, el 90% se destina para la elaboración de cocaína.
Ayacucho es la región que tiene el 20.9% (18,749 ha); Cusco el 16.1% (14,493 ha); Loreto —que en 2020 solo registró 6,328 ha, ahora tiene 12,409 ha— representa el 13.8% de territorio
cocalero; Ucayali muy de cerca con el 12.5% (11,206 ha) y Junín con el 9.9%. El resto de los sembríos se encuentran en Huánuco, San Martín, entre otros. (Ver infografía).
La cadena del tráfico ilícito de drogas se inicia con la hoja de coca. Esta se convierte en pasta básica de cocaína (PBC) al macerar las hojas en ácido sulfúrico y hacer una separación química con kerosene o gasolina. Para producir un kilo de PBC se necesitan aproximadamente 125 kilos de hoja de coca seca. Según Devida, cada kilo de hoja se vende en Ayacucho, Cusco y Loreto, y otras regiones monitoreadas, a 11.15 soles.
Un último informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) sostiene que la producción de PBC —como producto final para la exportación— está desapareciendo paulatinamente para convertirse únicamente en un producto intermedio del proceso de elaboración de la cocaína base o clorhidrato de cocaína.
NUEVOS REQUERIMIENTOS
La UNODC atribuye esta situación a la tendencia mundial de consumo de cocaína base y a la aparición de sofisticados laboratorios de transformación de cocaína en Europa. A inicios de julio de este año, la policía española halló al noreste del país un laboratorio de transformación de drogas sintéticas valorizado en 31 millones de euros. En abril de 2023, también se intervino un laboratorio en Galicia en donde se producían 200 kilos diarios de clorhidrato de cocaína hecho con cocaína base importada de Latinoamérica.
La Policía española halló en 2022 un laboratorio de cocaína con la misma estructura que los de Sudamérica. FOTO: M. Interior España.
En la práctica clandestina suele considerarse que la eficiencia de conversión de PBC a cocaína base ronda entre el 70% y el 90% según la pureza de la PBC y la pericia del ‘cocinero’ de la organización criminal. De ahí que para obtener 1 kilo neto de cocaína base se requieren aproximadamente entre 1.1 kg y 1.4 kg de PBC. Un kilo de PBC en las zonas cocaleras del país ascienden en promedio a 2,817 soles.
¿QUÉ ES LA COCAÍNA BASE?
La cocaína base es el resultado del tratamiento de la PBC con amoniaco y permanganato de potasio. Se forma la base libre, que se extrae en solvente orgánico y se seca para obtener cristales de alta pureza.
La UNODC analizó las cifras de la Dirección Antidrogas de la Policía Nacional (Dirandro) para 2023, y la sorpresa fue grande al descubrir que existe una marcada prevalencia de cocaína base en todas las zonas a excepción de Aguaytía (Ucayali), La Convención (Cusco) y Tambopata (Madre de Dios). En el Vraem, la Policía decomisó más cocaína base que clorhidrato de cocaína, la PBC casi ya no sale del Vraem.
La abundante producción de cocaína base, para la UNODC, puede atribuirse tanto a la creciente demanda en los países de destino de crack, como a los menores requisitos de insumos químicos, infraestructura y conocimientos especializados para su producción. Exportar este derivado implica para los narcos una menor pérdida de capital en caso de intervención policial, es decir, reducen los riesgos asociados a su comercialización. Un kilo de clorhidrato de cocaína en el Vraem vale 4,213 soles, pero en zona de frontera como el límite Santa Rosa (Perú) – Leticia (Colombia), ese mismo kilo asciende a 10,172 soles, según las cifras de julio de Devida.
Entre los países de destino más destacados de la cocaína base peruana se encuentra Bolivia, destino del 30.1% del total nacional de decomisos de la Dirandro. Bélgica sigue con el 25.8% y España con el 14.3%.
Según el último Informe Europeo sobre Drogas, la producción en el Viejo Continente radica en la ventaja económica de controlar parte del proceso de producción y el acceso comparativamente más fácil a los productos químicos de transformación, como disolventes, oxidantes y reductores para crear drogas sintéticas y el clorhidrato de cocaína. En general, según la información disponible, actualmente se procesan grandes cantidades de clorhidrato de cocaína en Europa, principalmente en Bélgica, los Países Bajos y España, a partir de productos intermedios la cocaína base.
'LA COCAÍNA BASE ES UNA NOVEDAD'
Medina dice que, aunque se reportan 95,000 hectáreas de hoja de coca, “esa cifra representa solo la producción de droga intervenida, no la monitoreada ni la total”.
La exprocuradora antidrogas Sonia Medina subraya que “esta modalidad de producción respecto a la cocaína base (…) es una novedad prácticamente” y que por ello existen todavía muy pocos estudios en el Perú sobre su composición y precios en el mercado local. Medina explica a Perú21 que “esta cocaína base, en función a la menor integración de insumos químicos para su producción, dificulta su trazabilidad y control tanto en origen como en destino”.
Para la especialista, los traficantes eligen la cocaína base porque implica menores pérdidas económicas frente al clorhidrato. “La cocaína base cuesta menos que el clorhidrato de cocaína, lo que convierte a este producto en un negocio con un costo menor, entonces tiene un mayor alcance de oferta y demanda”.
La demanda actual está concentrada en Europa Central y del Norte, donde incluso “en los Países Bajos hay instalación de laboratorios donde ellos ya clorifican por su cuenta”, explica Medina. De esta manera, el Perú exporta un insumo barato que luego se convierte en clorhidrato con un valor de mercado triplicado o cuadruplicado, profundizando el lucro ilícito.
ZONA GRIS EN PERÚ
Medina dice que, aunque se reportan 95,000 hectáreas de hoja de coca, “esa cifra representa solo la producción de droga intervenida, no la monitoreada ni la total”. La exprocuradora sostiene que “hay un reconocimiento de zonas de producción a nivel nacional” pero que “no podemos identificar realmente cuánto de droga sale de Perú debido a la dispersión y el bajo control en campo”.
Finalmente, advierte que, en especial en el Vraem, “la interdicción no está afectando suficientemente la producción”, lo que acentúa el volumen oscuro de salida.
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