"Empezaron a gritar y pedir apoyo, de forma sorpresiva un aproximado de ochenta personas ingresaron violentamente a la dependencia policial".
Ese es el extracto de un parte policial que narra la increíble fuga de siete hombres que acababan de recibir la noticia de que irían a prisión. Ocurrió en Hualgayoc, un pequeño distrito de la provincia del mismo nombre, de la región Cajamarca.
Un pueblo ubicado a 3500 metros sobre el mar, un lugar que se está transformando desde que sospechosos foráneos llegaron a la zona en busca de oro. Aparecieron de a pocos, pero las cosas cambiaron muy rápido y para mal.
Las investigaciones por delitos contra el medio ambiente, posesión de explosivos e insumos químicos ilegales se multiplicaron. La situación fue —y es— tan complicada que desde abril de este año se decretó estado de emergencia en 5 de las 13 provincias que tiene Cajamarca. Pero la medida no fue suficiente.
"Nos agredieron físicamente e intentaron arrebatarnos nuestros armamentos (...) logrando la fuga de los detenidos", dice otro extracto del parte policial.
Los detenidos eran los siete hombres, quienes fueron capturados la última semana de junio, cuando fuertes detonaciones alertaron a la policía de Hualgayoc.
Los efectivos siguieron el ruido y encontraron a los siete hombres en socavones clandestinos, una bolsa llena de dinamita y decenas de costalillos llenos de mineral.
Los policías llegaron solos a los socavones, a pesar de que el estado de emergencia permite que los militares ayuden en la intervención, pero ese día no estuvieron.
No pasó lo mismo con los fiscales: apenas los policías encontraron a los siete hombres con las manos en la dinamita y el mineral, llamaron a la Fiscalía Ambiental, la cual asumió el caso y pidió la detención por siete días para seguir investigando.
Encontraron pruebas y pidieron al Poder Judicial la prisión preventiva para los siete sospechosos, quienes durante todos esos días estuvieron detenidos en la carceleta de la comisaría de Hualgayoc.
La audiencia ante un juez ocurrió el pasado sábado 4 de julio. Empezó a las 3:15 PM y terminó a las 6:00 PM; es en ese minuto cuando esta historia se vuelve confusa.
FUGA EN LAS ALTURAS
"Se dictan siete meses de prisión preventiva", dijo el encargado del juzgado. Su voz salió desde una computadora vieja, ubicada en una pequeña sala de la comisaría de Hualgayoc.
Los siete hombres detenidos estaban frente a la computadora, sentados en dos bancas de madera. Según el parte policial, apenas terminó la audiencia los siete atacaron a los suboficiales Wilmer Yonel Cieza Acuña (29) y a Cristhian Morales Fernández (25).
El documento también narra que los siete hombres empezaron a pedir refuerzos a gritos a través de las ventanas. En segundos, 80 personas ingresaron a la fuerza a la comisaría de Hualgayoc para “rescatar” a los detenidos.
"Ingresaron violentamente agrediendo a los efectivos Héctor Murillo Robles y Daniel Vega Linares, quienes se encontraban en la puerta de ingreso y por la superioridad numérica de los mismos, quienes con objetos contundentes (palos y fierros) lograron ingresar", dice el parte policial.
En el documento se narra que los siete detenidos salieron corriendo de la comisaría y se perdieron entre un numeroso grupo de personas que celebraban la inauguración de un local de campaña de un partido político.
Hay fotografías que confirman que hubo dicha reunión política, lo cual llama la atención porque, según el estado de emergencia, ese tipo de reuniones están prohibidas.
Según el documento, luego de una intensa búsqueda, lograron recapturar a dos de los siete sospechosos. Los otros cinco siguen prófugos hasta el día de hoy.
Lo que llama la atención del parte policial es que no se menciona al comisario. Ese dato es relevante porque, luego de las primeras investigaciones, la fiscalía tiene serias sospechas contra él.
CONTRADICCIONES
El comisario es Marco Antonio Becerra Barrantes. Sospechan que tuvo responsabilidad de la fuga porque, según un informante, cuando los detenidos escaparon el comisario habría estado en una cena familiar en Bambamarca.
Se presume responsabilidad culposa, ya que habría habido negligencia en la prevención. Sobre todo porque un grupo de familiares de los detenidos esperaba en la puerta de la comisaría la decisión del Poder Judicial ante el pedido de prisión preventiva.
A estos hechos y sospechas se suman nuevas versiones sobre la fuga. Según fuentes fiscales, el parte policial no fue preciso. La data recogida cuenta otra historia.
"Se dictan siete meses de prisión preventiva", dijo el encargado del juzgado. Los siete hombres sospechosos no tenían las esposas puestas y un solo policía los estaba cuidando.
Seis de ellos no lo pensaron mucho: empujaron al policía y corrieron hacia la puerta principal de la comisaría. El mayor de ellos, llamado Domingo Vásquez Chávez, se habría quedado en la sala.
Cuando los seis detenidos restantes llegaron a la puerta de la comisaría, uno de ellos se arrepintió y no la cruzó. Los otros cinco nunca dudaron y hasta hoy están prófugos.
Según el parte redactado por los policías, ese día estuvieron de turno seis efectivos. Dos se fueron para atender un accidente vehicular y cuatro se quedaron en la comisaría. Sin embargo, hay un dato extra que preocupa más en medio de un estado de emergencia.
EXTRAÑOS SOSPECHOSOS
Hablé con José Gutiérrez Anticona, presidente del Frente de Defensa de Hualgayoc. La versión que él tiene narra lo siguiente.
"Se dictan siete meses de prisión preventiva", dijo el encargado del juzgado. Los siete hombres sospechosos no tenían las esposas puestas y un solo policía los estaba cuidando, porque los otros tres efectivos estaban jugando fulbito en la losa de la comisaría.
Gutiérrez dijo que los daños a la comisaría ocurrieron luego de la fuga. Asegura que fue una protesta violenta de los familiares que estaban afuera del recinto policial.
No defiende del todo a los siete hombres detenidos, pero asegura que ellos son peones, trabajadores de la zona a los que les pagan 80 soles por jornal, es decir, por el día de trabajo.
Asegura que los mineros ilegales “de peso” son los foráneos que aparecen con “camioneta moderna cruzando el pueblo”, y que desde hace un tiempo aparecen grupos de 20 o 30 sujetos en motos.
El presidente del Frente de Defensa dice que los foráneos estafan a los dueños de los terrenos, les dan una propina y, cuando encuentran mineral, “los cierran con los pagos”. Las imágenes y videos que nos compartió Gutiérrez son una prueba concreta.
Demuestran que no está hablando de minería ilegal menor. Son decenas de maquinarias trabajando en cientos de hectáreas donde dinamitan cerros y contaminan el agua de los ríos Tingo Maygasbamba y Hualgayoc Arascorgue.
Contaminan porque muchos procesan el mineral en la zona. Usan insumos químicos y combustible. Los peones, como los llama Gutiérrez, son quienes operan.
Dice que lo hacen porque una de las dos empresas mineras formales que hay en Hualgayoc ya está cerrando. Hay menos trabajo formal.
EL FACTOR CONGA
La formalidad, ese es uno de los grandes problemas, sobre todo después de que uno de los proyectos mineros formales más grandes de Cajamarca fuera paralizado en el 2011.
Hablo de Conga. Ese proyecto minero iba a funcionar en las provincias de Cajamarca y Celendín. Ahora ese inmenso terreno está lleno de mineros ilegales. El dato es importante porque, según el presidente del Frente de Defensa de Hualgayoc, desde ahí provienen algunos de los foráneos sospechosos que llegaron a Hualgayoc.
Solo 30 km separan a Conga de Hualgayoc. Pero hay mucho más. Según Gutiérrez, a la zona de Conga han llegado mineros ilegales de Pataz. Ese dato viene siendo comentado desde hace meses por diferentes autoridades. La distancia entre Conga y Pataz solo es de 120 km.
Las formas de extracción ilegal son tan similares que a inicios de año el Ejecutivo no descartó aplicar en Cajamarca las mismas medidas que toman en Pataz, cómo enviar un Comando Especial del Ejército para intervenir la zona.
Por desgracia, no han pasado de la intención. Lo único concreto es el estado de emergencia que durará dos meses más, pero es tan insuficiente que sospechosos de cometer el delito de minería ilegal se escapan de una comisaría.
La aún inexplicable fuga solo revela una dura realidad: hace algunos años, Cajamarca estaba a punto de convertirse en el corazón que bombearía nuestra economía. Hoy tiene un tumor maligno llamado minería ilegal que se expande sin control por sus ricas y hermosas tierras.