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¿Y si los adolescentes aprenden de El Niño?

“Quizás el problema no sea solo de infraestructura o de presupuesto, sino de cómo formamos a las futuras generaciones para entender —y anticiparnos— a este fenómeno”.

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Fecha actualización:
18/07/2026 - 07:00
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La próxima semana se llevará a cabo el V Encuentro de la Red STEM Latinoamérica, el más importante encuentro de educación STEM+ del continente, coorganizado por la Universidad Cayetano Heredia y el Instituto APOYO, que es posible gracias a la Fundación Siemens. En ese encuentro se mostrarán distintos ejemplos de cómo se aplica este enfoque en países de la región, para compartir y aprender de experiencias que pueden ser replicables.  

El nombre STEAM se obtiene de las iniciales en inglés de las siguientes palabras: ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas. Inicialmente se conocía como STEM, y se agregó la A para incorporar otros ámbitos de la educación, también se le puede llamar STEAM + H o STEM + H para incluir específicamente a las humanidades.  

Este enfoque consiste en identificar un problema que es del interés de los alumnos, conocerlo y averiguar todo lo que sea necesario de distintas materias para poder comprender el problema y evaluar posibles soluciones. Analicemos cómo podría ser para el caso del fenómeno de El Niño.  

Cada cierto tiempo, el Perú vuelve a estar poco preparado para el fenómeno de El Niño. Las lluvias intensas, los huaicos y las inundaciones no son una novedad en nuestra historia y, sin embargo, seguimos respondiendo con la misma improvisación de siempre. Quizás el problema no sea solo de infraestructura o de presupuesto, sino de cómo formamos a las futuras generaciones para entender —y anticiparnos— a este fenómeno. Aplicar el enfoque STEAM puede convertirse en una herramienta educativa poderosa para la educación peruana.

Imaginemos un proyecto escolar que tome El Niño costero como eje transversal. Desde la historia, los estudiantes podrían investigar los episodios de 1925, 1983, 1998 y 2017, comparando las decisiones que se tomaron entonces y sus consecuencias, para entender que la memoria histórica es también una herramienta de prevención. Desde la geografía, analizarían por qué se originan los huaicos, cómo se comportan los cauces de los ríos y qué zonas son geológicamente vulnerables, algo especialmente relevante en un país atravesado por quebradas y valles estrechos.

La estadística y las matemáticas estarían presentes al construir tablas y gráficos con datos de precipitaciones, caudales o daños económicos, permitiendo que los alumnos practiquen porcentajes, proporciones y proyecciones mientras comprenden la magnitud real del fenómeno. Las ciencias naturales aportarían el marco climático: qué relación existe entre el calentamiento global y la mayor frecuencia o intensidad de estos eventos.

Un abordaje STEAM no se agota en lo técnico. La sociología y la psicología permitirían explorar por qué, pese a que conocemos los riesgos, la prevención sigue siendo insuficiente: la normalización del riesgo, la desconfianza institucional o la urgencia de otras necesidades cotidianas explican en parte esa inacción. La educación cívica, por su parte, ofrecería la oportunidad de evaluar el desempeño de entidades como el Indeci, la ANA o los gobiernos locales y regionales, comparando sus planes de prevención anunciados con los resultados efectivos año tras año, formándolos como ciudadanos que exigen rendición de cuentas.  

Finalmente, la ingeniería y tecnología se usan para entender soluciones concretas: mallas dinámicas para retener piedras y dejar pasar el lodo, limpieza periódica de los cauces, sistemas de drenaje urbano y obras viales diseñadas para resistir la interrupción por huaicos.

El enfoque STEAM hace que el fenómeno de El Niño deje de ser un tema de “ciencias”, “geografía” o de “actualidad” para convertirse en un problema complejo que exige mirada histórica, rigor matemático, comprensión científica, sensibilidad social y creatividad técnica y comunicacional al mismo tiempo. Formar así a nuestros adolescentes no evitará lluvias, pero sí puede formar una generación que entienda que la prevención empieza mucho antes de que caiga la primera gota, y que la mejor infraestructura que podemos construir es, también, una ciudadanía educada para anticiparse al desastre.

El mismo enfoque se puede utilizar para analizar el dengue, la anemia, la contaminación, el uso del agua, etcétera. Partir de un tema que sí interesa hace un mundo de diferencia para el aprendizaje, y en el proceso se les está enseñando un método para enfrentar la resolución de problemas complejos. 

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