Esta semana decidí tomarme un respiro de mis artículos tradicionales que generalmente tratan sobre temas económicos, aunque algunas veces toco asuntos políticos. No lo hago por falta de temas, ya que en el Perú nunca escasean. Es más, tengo varios artículos listos para publicar, pero muchas veces aparecen nuevos temas que me obligan a guardarlos para el futuro, u otras veces a descartarlos.
Esta vez la razón es estrictamente personal. Este fin de semana mi mamá cumplió 99 años, así que en la familia tuvimos celebraciones el sábado por su cumpleaños y el domingo por el Día de la Madre. Por muchos motivos ella se merece una columna mía, uno de estos, aunque obviamente no el más importante, es que ella está entre mis más asiduos lectores y no se pierde ninguno de mis artículos, aunque algunas veces se queja de no entender completamente alguno de ellos. Reconozco que algunos temas económicos pueden resultarle complejos o incluso tediosos.
Desde que empecé a escribir esta columna hace ya varios años, ella recorta mis artículos y los guarda en un sobre grande (ya hay más de uno). Yo le repito que no es necesario hacerlo porque los tengo guardados en mi computadora, pero ella me contesta que es mejor tenerlos en papel que uno nunca sabe. La verdad es que algún día me servirá tenerlos impresos, ya que creo que podría recopilar algunos que son atemporales en algún libro a publicar en el futuro, y será más fácil seleccionarlos de esa manera.
Mi mamá es una persona extraordinaria. Enviudó muy joven (a los 35 años) quedándose a cargo de tres niños pequeños de 11, 9 y 7 años. Creo que hizo un excelente trabajo en educarnos, aunque obviamente yo estoy sesgado. Cualquier falencia que otros puedan encontrarnos, nos las deben achacar a nosotros tres y no a ella. Sus principales atributos son su inteligencia, su fortaleza en los momentos difíciles, que no fueron pocos, y la alegría y el positivismo con los que enfrenta la vida y que transmite a quienes la rodean.
En los años sesenta reconvertirse de ama de casa a empresaria no era algo sencillo. Menos aún si tienes que criar a tres niños pequeños sin apoyo del padre. Ella lo hizo, abriendo un pequeño negocio de confección de ropa que fue creciendo en el tiempo, pero que mantuvo por varios años en el garaje de la casa, para así no descuidar sus obligaciones maternas. Lo cerró cuando ya no lo necesitaba para complementar sus ingresos y le regaló las máquinas a las operarias que trabajaban con ella. ¡Es una campeona!
Con el paso de los años se convirtió en la matriarca y el corazón de la familia, la que nos reúne y une a sus tres hijos, ocho nietos y veinte bisnietos; además de a otros miembros de la familia más extendida. Tenemos la suerte de que a sus 99 años tenga el espíritu, la lucidez y la fortaleza que nos permite gozarla y entretenernos con sus historias de varias generaciones. El sábado empezó a vivir sus cien años. Su vida es motivo de orgullo y celebración. Es una bendición tenerla con nosotros. Como comentó una de sus amigas: “Tu mamá es de esas mujeres que son inolvidables”. Sin la menor duda. ¡Muchas gracias, mamá!