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¿Tricampeones en otro mundial?

“Nadie es consciente de que la ley señala que si hay empate el presidente se elige al azar tirando una moneda. ¿Se imaginan lo que ocurriría si esta elección hubiera terminado en empate?”.

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jj
Fecha actualización:
13/06/2026 - 07:00
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En Perú nos hemos acostumbrado a votar consumiendo antieméticos y esperar los resultados con ansiolíticos. Un compañero de la oficina me hizo ver cuán bien rankeamos entre las elecciones presidenciales más ajustadas de la historia mundial, según ChatGPT. Las elecciones de 2021 y 2016 nos han otorgado el cuarto y quinto lugar y es un hecho que esta también nos asegura un lugar destacado en la tabla. Nos ganan las de EE.UU.AA. de 1880, Costa Rica de 1966, y Ghana de 2008. Si se agregan los sistemas parlamentarios, en Zanzíbar en 1961, se ganó por un voto. Algo hay que reflexionar sobre tanto éxito en este ranking.  

Lo primero es que no tiene sentido que dos candidatos que representaban el 25% de votos emitidos en primera vuelta obliguen al 75% restante a elegir entre dos extremos. Esa regla no es democrática. La opción más sensata sería que pasen a segunda vuelta el menor número de partidos que sumen 50% de los votos válidos, y que de ahí se elija al que obtenga mayor votación. Al menos así será una mayoría la que determine las opciones de segunda vuelta.    

Nadie es consciente de que la ley señala que si hay empate el presidente se elige al azar tirando una moneda. ¿Se imaginan lo que ocurriría si esta elección hubiera terminado en empate? Ni la guerra civil se podría descartar como hipótesis. Deberían ir a una vuelta adicional los empatados, y solo si vuelven a empatar, acudir al azar. Suena poco probable, pero los riesgos no se evalúan solo por probabilidad sino por consecuencias. Mejor prevenir que lamentar.  

Otra conclusión evidente es que ni Keiko Fujimori ni Roberto Sánchez representan un voto más que los que obtuvieron en primera vuelta. Se requiere un gobierno que se dedique a resolver problemas y brechas que hoy dividen. El país necesita mejor gestión y transparencia del Estado a gritos para que los peruanos puedan volver a confiar en las instituciones públicas y en la democracia como sistema. Y el primer reto ya está aquí, que es El Niño.  

Mención aparte merecen las acusaciones sin prueba de fraude. No se puede solo cuestionar ahora a un lado del espectro político, cuando también ocurrió sin pruebas desde antes de la primera vuelta desde el otro extremo. Y también ocurrió en la elección anterior. Acusar de fraude sin pruebas ya se volvió parte del juego político, y el riesgo es grande.  

El peruano está harto de la política en todos sus niveles socioeconómicos, pero en el caso de los más necesitados, en zonas rurales y periurbanas, ni siquiera tienen el tiempo ni medios para poder discernir entre lo que tiene base y no. La mejor prueba de que es fácil que crean una narrativa falsa es que una gran parte de la población cree que Castillo fue víctima de golpe y no perpetrador torpe. Es probable que ello se explique por el apresuramiento con que el Congreso lo vacó, que no permitió que la información fuera procesada por muchos en el país. Pasar de verlo de presidente a detenido y preso permitió imponer una narrativa falsa, pero eficaz. Tan eficaz, que Roberto Sánchez no se desprende del sombrero, porque le sirve y mucho. Lo mismo puede ocurrir ahora con narrativas basadas en las tasas que se requiere pagar para las impugnaciones, o en ningunear la validez del voto de los peruanos en el extranjero.  

Con la frecuencia con que aparecemos en el ranking mundial de las elecciones más ajustadas, hay dos conceptos, en principio autoexplicativos, que parece ser necesario reforzar. Empate técnico significa que la técnica utilizada solo permite concluir que hay empate. La diferencia entre uno y otro que se obtiene en la muestra es tan chiquita que no permite saber quién ganó, ergo no hay orden, hay empate. Margen de error indica que puede haber error en un cierto margen que se indica a continuación. En el caso del conteo rápido de Ipsos, los resultados presentados podrían diferir de los resultados oficiales en 1.9% hacia arriba o abajo. Ojalá las próximas elecciones no nos vuelvan a poner en la bendita tabla.

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