PUBLICIDAD

Por unos dólares más

"Debe haber sanción, porque Jerí ha violado valores éticos y paradigmas de servicio público”.

Imagen
(Midjourney/Perú21)
(Midjourney/Perú21)
Fecha actualización:
25/01/2026 - 07:05
Escucha esta nota

Lisbeth pasea entre las tiendas de lujo de la Galería Burlington de Londres. En Mulberry se decide por un bolso y un abrigo muy finos. Pero, cuando la vendedora confirma que su tarjeta de crédito no pasa, se altera. Llama por teléfono a su esposo, Lars Hesseboe, quien sale de una reunión para ir al rescate. En el apuro olvida su billetera, sugiere a Lisbeth regresar por la tarde, pero ella se siente despechada y le reclama a gritos que tiene derecho a darse un gusto. Para evitar más escándalo, Lars paga con la tarjeta oficial del Gobierno, es el primer ministro de Dinamarca. De regreso a Copenhague, le pide a su secretario que reintegre el gasto, pero muere esa noche sin hacer el trámite. Poco después, el incidente se filtra y Lars tiene que renunciar. En su ausencia, Birgitte Nyborg arma las alianzas que necesita para ser la nueva primera ministra. Así empieza Borgen, una ficción de intrigas políticas. Pero también sucedió en la vida real. Mona Shalin era la preferida para gobernar Suecia. Una noche, al final de la jornada, pasa por una tienda para comprar dos chocolates y algo más. Paga con la tarjeta del Gobierno por error, según se defendería después. Las investigaciones concluirían que fue un descuido, sin responsabilidad penal, pero Mona tuvo que renunciar a liderar su partido, ya no podía ser primera ministra. La compra había sido de treinta y cinco euros.  

En los países nórdicos es muy alto el estándar ético. El rigor no está en la ley, ni en la fiscalización política, ni en la Fiscalía, ni en los jueces. Está en la gente, en sus valores y paradigmas: la función pública se ejerce a favor del pueblo y se repudia el provecho propio, sin importar si fue mucho o poco. Nosotros estamos en el otro extremo. Es verdad que tenemos algunos presos por corrupción, pero son la excepción. Para nosotros, la corrupción está tan generalizada que se perdona, como los pecados. Si se llega a sancionar no es por una razón ética, sino para sacar provecho político. ¿Cómo tratar el Chifagate de nuestro presidente? Por el momento no hay indicio de coima, sino de conflicto de interés, que es otra manera de corrupción. Todo parece indicar que el presidente actuaba de abogado de un empresario que tenía pleitos contra el Estado. No pues, nadie puede ser representante de una parte y abogado de la otra; menos el presidente que, por sus funciones, no puede ser abogado de nadie. Por mucho menos, Kuczynski (PPK) fue obligado a renunciar cuando se hizo evidente que un socio suyo era consultor del Estado mientras él era ministro. No fue necesario probar que PPK se hubiese beneficiado en algo, fue suficiente que objetivamente hubiese conflicto de interés. Su renuncia era lo que correspondía a un alto estándar ético, quizá aplicable a PPK, porque era gringo. ¿Lo aplicamos también a Jerí, que es paisano?

Ese es el deterioro de la política: la figura de un presidente de la República rebajado literalmente a lobista de mercado. Se especula si debe ser censurado como presidente del Congreso o vacado como presidente de la República; los que quieren que se vaya optan por la censura, que requiere menos votos (66); en cambio, los que quieren que se quede optan por la vacancia, que requiere más (87). Pareciera, entonces, que no importa Jerí, sino el cálculo político si su salida beneficia o perjudica. A la política le costará sancionar a Jerí porque la gran mayoría ha estado haciendo lo mismo. Pero, dejando de lado si hay o no responsabilidad penal, debe haber sanción, porque Jerí ha violado valores éticos y paradigmas de servicio público. Mirándolo bien, eso nos convierte a cada uno de nosotros en víctimas y la sanción se la debemos imponer nosotros. Puede parecer inútil en medio de tanta degradación política. Quizá, pero cuentan que los esclavos del siglo XIX, en medio de humillaciones y castigos, conservaron su dignidad y nunca perdieron la esperanza, la transmitieron de padres a hijos y un día fueron libres. Hay que hacer lo mismo, a pesar de tanta corrupción, conservemos el valor de la ética, recuperemos la fuerza de los paradigmas y que nuestra mayor sanción sea el repudio social. Digámoslo: Jerí es éticamente culpable, aunque, por ahora, no pase nada. Algún día la política en nuestra patria será otra cosa.  

 

 

TAGS RELACIONADOS
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD