Existe amplia evidencia que los hombres jóvenes son más propensos a tomar riesgos. Esto es obvio desde un punto de vista histórico, ya que siempre han sido los primeros en ofrecerse y ser enviados a las guerras. En las ciudades, los muchachos han sido más proclives a formar pandillas o cometer crímenes impulsivos.
Esta inclinación hacia el riesgo se puede apreciar en hechos más sutiles. Los hombres tienen mayores probabilidades a tener accidentes, desde caídas, choques en carros, por envenenamiento o consumo de drogas. Esta falta de precaución varonil podría explicar, en una pequeña parte, porque de cada tres fallecimientos de COVID-19, dos fueron hombres.
La explicación parece estar en el cerebro. Específicamente, en cómo el cerebro de los hombres es más sensible a la dopamina (neurotransmisor que generamos cuando estamos haciendo algo gratificante, activando nuestro circuito de refuerzo o recompensa). En los hombres, está sustancia, también llamada la hormona de la competición, aparece cuando realizamos acciones que involucran riesgo y/o placer.
Este mecanismo, que tenía más sentido en un contexto cavernícola, hoy deja a los hombres mucho más vulnerables a la adicción. Especialmente ahora, debido al auge de industrias multibillonarias que basan gran parte de su modelo de negocio en dicho mecanismo. Una en particular, parece haber encontrado una mina de oro en el cruce entre los smartphones y nuestro contenido favorito: el deporte.
Silenciosamente, casas de apuestas en línea se han convertido en los sponsors principales de las ligas deportivas más importantes del mundo: fútbol europeo, la NBA y la NFL, por mencionar algunas. En 2024, las apuestas en línea superaron los 100 mil millones de dólares, duplicando la cifra de hace solo hace cinco años.
Su desenfrenado crecimiento ya está haciendo sonar varias alarmas. En EE.UU. las bancarrotas aumentan cada vez que un estado legaliza las apuestas deportivas. Ya son varias ligas que han estado envueltas en escándalos de corrupción con apuestas, involucrando jugadores, entrenadores y grupos al borde de la ley: la NBA, el Calcio italiano y la MLB, por mencionar solo algunas. Incluso países enteros están entrando a la timba, como demuestra la turbia red de deportes amateur que impulsa Rusia.
Pero detrás de los millones, el problema real es otro: para muchos jóvenes, la línea entre entretenimiento y adicción es más fina que nunca. Pues estas industrias se benefician económicamente de usos intensivos y compulsivos. Si bien cada uno debe tomar responsabilidad de sus actos, tampoco debemos juzgar demasiado cada vez que un muchacho desarrolla malos hábitos o cae en comportamientos adictivos, después de todo, tiene a una industria multibillonaria y a su propio cerebro jugando en contra.