Ayer Perú21 publicó un informe en el que se recuerda el infausto episodio de juramentación del primer gabinete del golpista Pedro Castillo, hace cinco años. Un ridículo político que prefiguró el desastre administrativo que vendría después: el Perú en manos de un vocinglero grupo de incompetentes sobreideologizados.
La composición de ese primer consejo de ministros era literalmente de terror: 19 personas del ala radical de Perú Libre se hacían cargo de todos los ministerios, con la escandalosa ausencia de profesionales más o menos independientes y capacitados que conocieran el sector que les habían asignado. Lo mínimo, es decir.
Un consejo de ministros que jamás llegó a constituir un equipo que trabajase por el país. Y como era obvio, semejante Corte de los Milagros duró casi nada. En tres meses, seis ministros cayeron en bloque cuando Castillo recompuso todo el gabinete tras la salida de Guido Bellido. Y más tarde la mayoría de los que quedaron irían saliendo del Gobierno uno tras otro, arrastrados por sus propios escándalos y desatinos.
Hoy, con el exmandatario condenado a 11 años, 5 meses y 15 días de prisión por conspiración para la rebelión, este es el saldo de aquel primer equipo: un prófugo, un preso, un canciller que duró 19 días y una lista larga de investigaciones fiscales a buena parte de sus integrantes.
Se trata de algo que jamás debería volver a ocurrir en nuestro país, pues cada ministro que fue designado en su cartera representaba el retroceso institucional, democrático y económico del Perú. A pocos días de que Keiko Fujimori tome juramento a su primer equipo, será bueno mirar en el espejo retrovisor para escoger a los mejores cuadros técnicos en cada sector.
Líderes de Fuerza Popular han hecho declaraciones en el sentido de que el próximo gabinete no va a ser partidarizado. Será lo mejor que le pueda ocurrir a un país ya cansado de autoridades que llegan a altos cargos del Estado más por el peso de sus carnés que el de sus capacidades y trayectorias.