La improvisada prórroga del estado de emergencia en Lima y Callao no ha reducido ni la percepción ni la realidad de la inseguridad ciudadana. La muerte y el miedo siguen ahí, acechándonos. ¿Para qué se recortó la inviolabilidad del domicilio, la libertad de tránsito y reunión? No vimos grandes operativos policiales y militares, como en Río de Janeiro. Nadie se enteró de que había que pedir permiso para congregarse, empezando por los mineros informales/ilegales que tomaron la avenida Abancay y los hinchas brasileños que asolaron Lima. Y en la frontera sur, con estado de emergencia y despliegue militar, los migrantes indocumentados se colaron en las narices de la policía. Tal como se les coló la golpista Betssy Chávez. ¿El resultado? Relaciones rotas con México y tensión innecesaria con Chile.
El responsable principal es el presidente José Jerí. Su gobierno camina a trompicones, no resuelve estos ni otros temas urgentes como la minería ilegal y el gasto público. El gabinete no alcanza para compensar su inmadurez e inexperiencia. No bastan la estrategia comunicacional ni las excusas tipo “esto heredamos”. No alcanzan sus buenas intenciones ni sus ganas de aprender sobre la marcha. Tampoco el deseo de probarse algo a sí mismo o a los suyos. Nada de eso sirve sin resultados. La Presidencia no es un tubo de ensayo ni un premio a la mediocridad: es el puesto de mayor exigencia del país.
En política no cabe el miedo a decir las cosas: Jerí no estaba ni está preparado para asumir el gobierno, debió declinar. Es un hecho objetivo, no una cuestión de simpatías. Lo dije cuando muchos en el Congreso prefirieron el silencio y la mentira piadosa. Quienes allí lo avalaron fueron igual de irresponsables que él. Y quienes se inventaron el cuento de que oponerse a Jerí era “hacerle el juego a los caviares”, son unos mediocres y cobardes: despotrican de la izquierda retrógrada, pero transan con ella, por miedo.
Hoy urge hacer control político, pero el Ejecutivo y Legislativo están tan (poco) separados como dos hermanos siameses. Si con Boluarte el control político era “un asunto secundario” para el entonces presidente del Congreso, Jerí, con él en Palacio, ya no existe. Pero no importa que no pueda, ¿no? Al menos escucha y da la cara, hay que apoyarlo, que se quede. Total, ya casi es Navidad.