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Cuando la política alcanza al banco central

"Cuando los gobiernos prometen simultáneamente más gasto, subsidios permanentes y menores impuestos, debilitan las bases sobre las cuales descansa la estabilidad monetaria.", mencionó Felipe Morris. 

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"La independencia de los bancos centrales requiere finanzas públicas sostenibles y gobernantes y políticos responsables. No los hemos tenido últimamente.", comentó el economista.
Fecha actualización:
19/05/2026 - 08:50
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Hace dos semanas Isabel Schnabel, directora del Banco Central Europeo, dictó la interesante charla “La erosión silenciosa de la independencia de los bancos centrales” en London School Economics; en honor a Charles Goodhart, uno de los economistas más influyentes en la economía monetaria moderna. En un momento en que la inflación, la deuda pública y la presión política vuelven a presionar a los bancos centrales, el tema de este año es muy pertinente.

El mensaje central es que la independencia monetaria no está siendo destruida solo mediante reformas abruptas o ataques frontales, sino erosionada lentamente por dinámicas fiscales, financieras y políticas que reducen gradualmente la capacidad de los bancos centrales para actuar con autonomía. Aparte de ataques políticos directos, se refirió a dos problemas claves que limitan su accionar: la dominancia fiscal y la dominancia financiera. 

La dominancia fiscal se refiere a las enormes presiones de gasto que enfrentan las economías avanzadas derivadas del envejecimiento poblacional, la transición energética, el incremento del gasto militar y la fragmentación geopolítica que no les permite mantener niveles manejables de deuda pública. El resultado es una acumulación creciente de deuda, lo que presiona sobre las tasas de interés y eleva el costo de financiamiento al gobierno. 

Como resultado, se presiona políticamente a los bancos centrales para que reduzcan sus tasas de interés, limitando su capacidad de combatir la inflación, buscando más bien evitar tensiones fiscales, un aumento del costo de financiamiento al gobierno o incluso una crisis de deuda soberana. En otras palabras, la política monetaria se distrae de su objetivo de estabilidad de precios y pasa a estar condicionada por las necesidades fiscales de los gobiernos.

El segundo riesgo, la dominancia financiera, se refiere a la enorme dependencia del sistema financiero luego de la crisis de 2008 a las tasas bajas y abundante liquidez, lo que puede desestabilizar rápidamente a las instituciones frágiles (i.e. Silicon Valley Bank o Credit Swisse). Así, los bancos centrales pueden terminar atrapados entre dos objetivos contradictorios: controlar la inflación o evitar turbulencias financieras; limitando sus políticas monetarias.

El discurso también critica implícitamente al populismo económico. Cuando los gobiernos prometen simultáneamente más gasto, subsidios permanentes y menores impuestos, debilitan las bases sobre las cuales descansa la estabilidad monetaria. La inflación deja entonces de ser solo un problema técnico y se convierte en la consecuencia de malas políticas fiscales y deterioro institucional. 

Esta reflexión es muy relevante para el Perú que debe parte de su éxito macroeconómico reciente a la autonomía del BCR y a la disciplina fiscal. Sin embargo, el creciente populismo legislativo, los retiros previsionales, el debilitamiento institucional y la desbordada expansión de gastos corrientes amenazan ese equilibrio. Las propuestas del candidato de izquierda de minar esa autonomía y hacer uso de las reservas internacionales son aún más peligrosas. La independencia de los bancos centrales requiere finanzas públicas sostenibles y gobernantes y políticos responsables. No los hemos tenido últimamente.

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