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Brexit: el balance de una década

"La salida del mercado único europeo y de la unión aduanera elevó los costos de comercio con el principal socio económico del país", sostuvo el economista Felipe Morris.

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"Las encuestas recientes muestran que alrededor del 57% de la población considera que esta decisión por abandonar la Unión Europea fue un error contra cerca del 30% que aún la apoya", dio cuenta Morris. (FOTO: AFP)
Fecha actualización:
30/06/2026 - 06:15
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El 23 de junio de 2016, hace diez años, los británicos votaron por abandonar la Unión Europea. El llamado Brexit ganó por un estrecho margen (51.9% vs. 48.1%), poniendo fin a más de cuatro décadas de integración con Europa. Las encuestas recientes muestran que alrededor del 57% de la población considera que esta decisión fue un error contra cerca del 30% que aún la apoya.  

Esto refleja la percepción de que los beneficios obtenidos han sido menores y los costos mayores de lo que muchos imaginaron en 2016. Los que todavía defienden el Brexit indican que el principal objetivo se cumplió: el Reino Unido recuperó control sobre sus leyes, sus fronteras, su política migratoria y sus acuerdos comerciales. Para millones de votantes, la decisión se basaba en soberanía y no economía.

Sin embargo, los resultados económicos han sido menos favorables de lo anticipado. La salida del mercado único europeo y de la unión aduanera elevó los costos de comercio con el principal socio económico del país. Aunque no aparecieron aranceles generalizados, sí aumentaron los trámites, controles y exigencias regulatorias en el comercio con Europa. Diversos estudios estiman que la economía británica es hoy entre 6% y 8% más pequeña de lo que habría sido si hubiera permanecido en la Unión Europea. Asimismo, la inversión privada sería entre 12% y 18% menor y la productividad se habría reducido alrededor de 4%. No ocurrió el colapso económico que algunos pronosticaban, pero tampoco se materializó el mayor crecimiento y prosperidad que prometieron los defensores de la salida.

La inmigración ofrece otro ejemplo de los resultados mixtos del Brexit. Uno de los argumentos centrales de salirse era recuperar el control de las fronteras y reducir los flujos migratorios. La inmigración procedente de la Unión Europea efectivamente disminuyó de manera importante, pero como la economía británica continuó necesitando trabajadores para sectores como salud, agricultura, construcción y servicios; aumentó la inmigración proveniente de países como India, Nigeria, Pakistán y Filipinas. La dependencia de la economía respecto de la mano de obra extranjera no desapareció e incluso en algunos años posteriores al Brexit la inmigración neta total alcanzó niveles récord.

A pesar del creciente arrepentimiento que reflejan las encuestas, un retorno a la Unión Europea es prácticamente imposible. Reingresar implicaría largas negociaciones y la aceptación de condiciones mucho menos favorables que las que el Reino Unido tenía antes de abandonar el bloque. Además, ninguno de los principales partidos británicos propone actualmente una reincorporación.

La paradoja es evidente. Una mayoría de británicos ha llegado a la conclusión de que el Brexit no produjo los resultados que esperaba, pero es consciente de que no hay marcha atrás. Diez años después, el debate ya no consiste en si el Reino Unido debió abandonar o no la Unión Europea, sino en cómo administrar las consecuencias de una decisión que transformó para siempre su relación con el continente. La gran ironía podría ser que después de abandonarla para recuperar autonomía, desde afuera termine aceptando normas y mecanismos europeos porque le traen beneficios económicos, pero esta vez sin influir en ellos. 

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