Camino a la provincia de Espinar, donde me invitaron a participar de las celebraciones por su 108 aniversario, el sábado 15 de noviembre de 2025 tuve la oportunidad de volver a visitar el complejo arqueológico de Kanamarka, de enorme valor histórico, cultural y turístico. Lamentablemente, se encuentra en el más absoluto abandono, sin atención del Estado ni de las autoridades regionales y, lo que es más triste, sin afluencia de turistas, privándose así a los peruanos y a los visitantes del exterior de conocer este espléndido lugar, orgullo de Espinar y toda la nación Kana.
La minería es una actividad extractiva de recursos no renovables. Esta actividad coincide muchas veces en el mismo ámbito geográfico y área de influencia (no directa) de muchos de nuestros sitios arqueológicos. Esta coincidencia ocurre por lo general en la sierra, donde decenas de lugares de enorme importancia arqueológica y potencial turístico yacen en el más absoluto abandono, olvidados en su valor histórico y desaprovechados para el turismo nacional y extranjero, ante la desidia e indolencia de nuestras autoridades.
El turismo es conocido como la “industria blanca”, una industria sin chimeneas, intensiva en mano de obra, de enorme efecto multiplicador que, a su vez, genera una importante captación de divisas. De otra parte, la minería genera una enorme renta para el Estado peruano (S/18,383.6 millones el año pasado), al 50% de esa renta se le conoce como canon y se asigna a las regiones mineras, distribuyéndose entre los diversos niveles de gobierno: regional, provincial, distrital y universidad pública regional. Históricamente, en el caso del canon minero, su ejecución ha sido siempre cercana al 50%. El otro 50% del canon minero NO se gasta.
Así las cosas, tenemos decenas de sitios arqueológicos de gran importancia histórica y enorme potencial turístico que no se han puesto en valor y, a la vez, en el mismo ámbito geográfico tenemos la minería que genera una enorme renta, que desaparecerá una vez agotada la mina y cuya renta se deja de gastar en un porcentaje muy alto.
Es perfectamente factible hacer las modificaciones legales necesarias para que una fracción de la renta minera no ejecutada vaya a financiar la puesta en valor de nuestros monumentos arqueológicos, haciéndole justicia a nuestro legado histórico y, fomentando, así, la diversificación y crecimiento de una actividad inagotable de muy bajo impacto ambiental, pero enorme impacto económico y laboral como es el turismo.
Así, parte de los recursos inutilizados de la renta minera contribuiría a poner en valor monumentos arqueológicos de enorme valor histórico, cultural y gran potencial turístico que, lamentablemente, hoy yacen en el olvido.
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