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El espectáculo de las luces

"De los seis presidentes elegidos en este siglo, solo Kuczynski se salva de corrupción, pero no de conflicto de interés. De los cinco interinos por vacancia de los titulares, no están comprometidos Sagasti y el vigente Jerí…”.

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(MIDJOURNEY/PERÚ21)
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Fecha actualización:
30/11/2025 - 07:05
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Evita hizo una gira a Europa en 1947; esperaba cosechar las gracias que le debían a la Argentina de Perón por aliviar con trigo y carne el hambre que había dejado la Segunda Guerra Mundial. Poco antes de recibir la mayor condecoración de España, la Real y Americana Orden de Isabel la Católica, en un mitin en una plaza de toros repleta, dijo que no había ido para formar ejes, como se llamó la alianza entre nazis alemanes y fascistas italianos, sino a tender un arcoíris entre todos los pueblos. Torpeza, porque la España de Franco estaba aislada por ser una dictadura nacida, nada menos, que con la ayuda de ese eje. Era un mundo que se refugiaba en la democracia y en la ayuda del Plan Marshall que ofrecía Estados Unidos para huir de los horrores de la guerra. Estados Unidos se estrenaba como la única potencia de Occidente, con el campo libre que le dejaba una Inglaterra empobrecida. España, también empobrecida por la guerra civil, no estaba para sutilezas políticas y vitoreó a Evita, la alabó por donde fue y le regaló cincuenta trajes tradicionales, uno por cada región. Evita aportaba magia y la plaza de toros de aquella tarde se ilusionó, porque de esperanza también se vive. La “Gira Arco Iris” se llamó el tour. Evita se paseó también por Italia, El Vaticano, Suiza, Francia y Portugal. No llegó a Inglaterra. Regresó a Buenos Aires. No se sabe si es porque no estaba previsto en el itinerario o porque el cáncer le brotó de improviso, o porque estaba furiosa porque la reina no le iba a organizar un banquete, sino solo un té. Hay, en eso, dos errores: uno histórico, porque Isabel recién sería reina en 1952; y otro de interpretación, porque para los ingleses es un honor que la reina te sirva el té.

El problema del espectáculo es que distrae. Esta semana, dos presidentes entraron en prisión, uno por corrupción (Vizcarra) y otro por conspirar, pero igual de corrupto (Castillo). Se reúnen con otros dos sentenciados por lo mismo (Toledo y Humala). Dos más han muerto, uno con sentencia (Fujimori) y otro cuando iba a ser procesado (García). De los seis presidentes elegidos en este siglo, solo Kuczynski se salva de corrupción, pero no de conflicto de interés. De los cinco interinos por vacancia de los titulares, no están comprometidos Sagasti (una rarísima excepción) y el vigente Jerí (dependiendo de cómo acabe); todos los demás tienen o tendrán problemas judiciales. Nota que a dos de ellos se les puede revocar las sentencias por debilidades en la acusación (Humala y Vizcarra). Es un triste récord mundial. Sin embargo, dice bien de nuestra sociedad que se alce contra la corrupción. Pero, siendo lo que es, no es lo que más daño nos hace. La corrupción nos cuesta un 2.4% del PBI, pero otro 2.5% nos cuesta la ineficiencia en el gasto público; hacer malas inversiones (todas las obras paralizadas y los puentes que se caen) daña tanto como robar por coima. Mucho más nos cuesta la economía informal, cuya evasión fiscal nos afecta en 9.3%. Sume y tenemos 14.2% del PBI, casi tanto como la recaudación fiscal que anda en 14.5%.

Si la recaudación fiscal es el sueldo con el que vivimos como Estado, estamos cobrando solo la mitad de lo que nos corresponde. ¿Qué haría usted si solo le pagan la mitad del sueldo? Con el doble del dinero que ahora tenemos, asumiendo que seremos eficientes en el gasto público, podríamos hacer maravillas. Hoy parece preocuparnos poco porque, pese al desmadre político, la economía está fuerte. Pero esa es otra ilusión. Esa fortaleza no se debe a nuestra estructura productiva, sino a los altos precios internacionales del cobre y del oro. ¿Qué pasará cuando los precios bajen? ¿Qué pasará con los millones que hoy trabajan en la minería informal? ¿Qué pasará con el 70% de empleos informales, que ahora se benefician de la bonanza? Una época de vacas gordas no es para despilfarrarla, sino para ahorrar para la época de las vacas flacas; y nosotros no estamos ni invirtiendo ni ahorrando. Cuando llegue el después, cuando venga la recesión y el desempleo, nos encontrará sin recursos y habrá hambre y desesperación. Lamentaremos haber desperdiciado otra vez la oportunidad de ser mejores. No miremos las luces del espectáculo, sino el riesgo de la miseria en el futuro.

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