Como lo denunciaba esta semana en un artículo sobre los atropellos que siguen cometiendo desde el Congreso, utilizando ahora a la Comisión Permanente, una vez más denigran la majestad de ese poder del Estado con decisiones infames como el blindaje que se ha dado ayer contra el exfiscal Víctor Rodríguez Monteza, en el marco de una denuncia constitucional que tenía todas las pruebas y fundamentos jurídicos para proceder con su sanción.
Pero como seguimos sometidos por “el pacto mafioso” que nos gobierna, ayer no iban a ser la excepción, por eso ningún integrante de esta infame comisión votó a favor de la sanción; desde la propia presidenta de la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales, Lady Camones —que además sustentó la investigación—, a la que sumaron los votos en contra de todo Fuerza Popular, APP, Somos Perú, Avanza País y el Bloque Democrático; todos lograron blindar asquerosamente a otro personaje siniestro.
A este paso vamos a tener muy orondos a los cabecillas de los ‘cuellos blancos’ desfilando, libres de polvo y paja; solo falta que liberen a Walter Ríos y, sobre todo, le den carta libre a Hinostroza Pariachi, para que regresen a las andanzas, porque es más que seguro que la actual JNJ les redima sus pecados, y los tendremos nuevamente sueltos en plaza para que sigan con sus andanzas.
Conozco este caso escabroso de copamiento del sistema de justicia, con una organización criminal enquistada en los puestos estratégicos de la administración de justicia, desde el fenecido CNM y con jueces superiores, hasta jueces y fiscales supremos involucrados en un tinglado de corrupción evidenciado por audios, obtenidos de escuchas legales a organizaciones criminales de la talla de “Barrio King”.
Ahora se pretende reescribir la historia y liberar a estos “angelitos”, después de una lucha titánica que libré casi en solitario en mi periodo congresal, donde pretendían salvarles el pellejo en la Subcomisión de Acusaciones Constitucionales. Gracias a esa dilación, Hinostroza se salvó, ya que no pudieron emitir las órdenes de impedimento de salida, mientras no se tenía la autorización del Congreso para investigar a un juez supremo.
Hinostroza huyó del país, terminó en España y, a pesar de los apremios de la ley, que exigían su extradición para que rinda cuentas a la justicia peruana, se volvió a burlar, ahora de la justicia española, y terminó en Bélgica donde sigue libre. Probablemente esté contando los días para regresar “triunfante”, aquel juez que negociaba la pena de un violador sexual de niñas.
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