El 28 de julio asumirá un nuevo gobierno y enfrentará cuatro bombas de tiempo que explico a continuación.
Primero, la economía mundial se encuentra atravesando una etapa de incertidumbre que no se veía desde hace varias décadas. Las idas y venidas de Donald Trump, y en especial el conflicto con Irán y su alejamiento de Canadá, Europa y, por supuesto, China, no solo plantean un nuevo tablero geopolítico mundial, sino una economía con menor predictibilidad. ¿Y cuál es el problema? Pues que, si imaginamos a la economía mundial como un tren con locomotoras y vagones, los primeros son Estados Unidos, China y la eurozona, dado que entre las tres economías producen más del 50% de lo que el mundo produce. Su ritmo de avance condiciona el desempeño de las demás economías, entre ellas Perú, que solo produce el 0.3% de la producción mundial. Nuestra economía es pequeña y está abierta al mundo, por lo que se impacta por los cambios en el resto del planeta.
Aquí también entra la tasa de interés de la Reserva Federal (FED), que es el banco central de los Estados Unidos. Un hecho estilizado de la economía peruana es que cada vez que la FED sube su tasa de interés por encima de la del BCR, los dólares salen de Perú hacia Estados Unidos y, como consecuencia, la oferta de dólares se contrae y se generan presiones sobre el precio del dólar. No obstante, la actual situación de los Estados Unidos está llevando a que se prefiera el oro y la plata sobre el dólar como activos refugio, algo inédito al menos desde hace unos cincuenta años. Es casi un mundo nuevo.
Otro elemento de la economía mundial es la desaceleración de la economía china. Para el Perú, China es su principal socio comercial: el Puerto de Chancay y el alto porcentaje de inversión minera son solo algunos ejemplos. Si vemos la evolución de la economía peruana en los primeros 25 años de este siglo, podemos observar que creció casi la mitad de lo que creció China. Por ejemplo, en el periodo comprendido entre 2003 y 2011, China creció 12% anual y Perú 6% anual. Entre 2012 y 2019, China creció 6% anual y Perú 3% anual.
Segundo, el desequilibrio fiscal heredado del actual Congreso. El nuevo gobierno no tendrá margen para aumentar el gasto público. El Congreso, a través de una serie de leyes, ha elevado el gasto público a pesar de que en la Constitución dice claramente que no tiene iniciativa de gasto. La disciplina fiscal es clave.
Tercero, la guerra entre Estados Unidos e Irán ha reducido la oferta de petróleo y, por ende, elevado su precio. Y Perú importa petróleo. No sorprende que la inflación de los últimos doce meses ya exceda el 3%, que es el techo de la banda establecido por el BCRP. Al subir el petróleo, aumentan de precio los combustibles y con ello muchos precios de la economía. ¿Cuánto durará? No lo sabemos. Depende de la duración del conflicto y de la interrupción del estrecho de Ormuz.
Cuarto, el posible fenómeno El Niño, cuya magnitud y duración tampoco las sabemos; el estimado apunta a un periodo comprendido entre junio y noviembre, aunque no hay seguridad.
¿Qué hacer? Buscar nuevos mercados, como India o Sudáfrica, por colocar dos ejemplos. Diversificar será clave. ¿Lo tendrán claro los candidatos para la segunda vuelta electoral? Ahora más que nunca debemos ver el exterior, sin descuidar la necesidad de conectar el crecimiento con el bienestar dentro del país. A trabajar en ambos frentes. Y, ojo, que no es tema de buenas intenciones, pues estas no se miden en economía. Lo que importa es la calidad de vida de los ciudadanos.