Emilio Lafferranderie, ‘El Veco’, llegó deportado, no por la dictadura del general Gregorio Álvarez, sino por los hinchas uruguayos. Advirtió que Perú eliminaría a Uruguay de España 1982 y no se lo perdonaron. Periodista deportivo cultísimo, llamó a su programa Oído a la música. Al principio, por radio, te contaban lo que no veías. Pero, cuando hubo televisión, ¿para qué contarte lo que estabas viendo? Más bien había que hacer filosofía sobre lo visto y, en eso, ‘El Veco’ era un maestro. Hasta que llegó Oliver Stone, que de fútbol sabe poco, pero de cine mucho. “Quiero que vean lo que otros no pueden ver, que vean la tensión de un penal, que sientan lo que duele una patada”. Desde entonces las cámaras registran cada detalle y, en esa onda, la narración deportiva tiene que producir pasión. Daniel Peredo fue de lo mejor: “... empuja Vargas, lucha Vargas, qué bien la hizo Vargas, aquí está el empate…, gooooooool peruano…, goooooool con los huevos de Vargas, con el corazón de Vargas, con el corazón de todos”. Septiembre de 2008, uno a uno contra Argentina, con Messi en cancha. La semana pasada llegó Cliver Huamán desde Andahuaylas: horas de horas en bus, chiquillo con quince años, criado entre chacras y en quechua, una Lima oficial que lo rechaza, con un programa deportivo en redes, subió a un cerro y, viendo de lejos el campo del Monumental, narró la final de la Libertadores, pirateando todos los derechos de transmisión exclusiva, pero enamorando a todos. Su historia tiene mucho de epopeya, pero sin la calidad de Cliver, habría sido una anécdota más de la pobreza.
Para la excelencia se requiere talento, pero no basta. Maradona y Messi triunfaron por talento. Sin embargo, Maradona se fue muriendo enredado por corrupción y coca, y con poco de lo mucho que ganó; en cambio, a Messi le espera la abundancia en los negocios y su dilema será qué tanto la comparte en obras sociales. Los dos nacieron pobres y se criaron en los potreros. La diferencia fue la educación que recibieron. Maradona se hizo solo y fue capturado por parásitos que lo vivieron; en cambio, Messi tuvo la suerte de que ninguno de los clubes argentinos quiso pagar su tratamiento médico y se tuvo que ir a Barcelona de niño, protegido por sus padres y arropado por la Masía, que, además de fútbol, lo educaron para la vida. Pues bien, ya sabrá que los pobres del Perú no tienen educación.
Según evaluaciones del Ministerio de Educación (ENLA 2024), menos de la tercera parte tiene niveles satisfactorios en lectura y razonamiento matemático; conforme van avanzando de grado, es mucho menor el porcentaje con rendimiento satisfactorio; y cinco años después de la pandemia estamos peor que antes. La educación privada tampoco funciona. Desagregada la evaluación, los colegios privados de bajo costo presentan peores rendimientos que la mala educación pública (Mercado privado, consecuencias públicas –Grade, de Balarín, Kitmang, Ñopo y Rodríguez). Agregue dos hechos fatales. Uno: los desayunos escolares —para que los niños no se duerman de hambre y puedan estudiar—, por corrupción, unas mierdas les entregaban alimentos podridos. Otra: se reduce el dinero para las becas universitarias para aumentar los gastos del Congreso, y con ello se eliminan muchas oportunidades para los jóvenes. La mala educación estafa a los pobres, frustra su esperanza y algún día tendrán razón para rebelarse. Estamos mal y estaremos peor. Pero no todo está perdido. Moquegua y Tacna tienen rendimientos que llegan a duplicar el promedio nacional. ¿Cómo lo hacen? Simple: tienen una política regional de invertir el canon minero en educación y la sociedad civil se encarga de supervisar. En cambio, otras regiones mineras (Cajamarca, Áncash, La Libertad y Huancavelica) tienen rendimientos peores que el promedio nacional porque despilfarran. Tenemos una de las monedas más fuertes del mundo, pero una de las peores educaciones. Hemos pensado más en el capital financiero y menos en el capital humano. Toda la fortaleza macroeconómica que tenemos desaparecerá cuando nuestros hijos no puedan competir por falta de educación. Si la economía criminal nos preocupa por el daño que puede hacer, imagine la desgracia de nuestro suicidio por la mala educación.