Juanita Parra no fue a la universidad. Fue a Los Jaivas. Antes del debut oficial, se formó cinco años en el grupo. No se graduó como música o baterista, sino como jaivista, con la presentación del primer disco que graba: Hijos de la tierra.
Fietta Jarque vuelve para presentar en la Feria del Libro de Lima La vértebra perdida. Una biografía de Blanca Varela, a propósito del centenario de la poeta. Perú21 la entrevistó.
—Sí, esa es mi carrera. Mi profesor fue mi papá. Lo más hermoso es que mis compañeros del grupo creyeron en mí —me dice desde Santiago de Chile. Conversamos a propósito de que Los Jaivas se presentarán en Lima el 5 de diciembre próximo, en el Anfiteatro del Parque de la Exposición, para celebrar los 45 años del colosal álbum Alturas de Machu Picchu, que musicaliza los poemas de Pablo Neruda. Canciones que fueron grabadas en la cima de la ciudadela inca para un documental que presentó Mario Vargas Llosa. El concierto en Lima tendrá la presencia de Los Mirlos. Las entradas ya están a la venta en passline.pe.
Pero Juanita empezó, con 15 años, haciendo la iluminación de Los Jaivas. “Te propuse eso porque me doy cuenta de que te conoces la música del grupo de memoria”, le dijo su padre Gabriel Parra, entonces baterista de la banda. Ella aceptó, pero hoy se pregunta: “¿Cómo se dio cuenta de que yo me conocía de memoria las canciones? Ni yo me di cuenta”. Y así fue, iluminó al grupo en su exilio europeo, hasta la muerte de su padre.
Cuando el peruano Daniel Camino propuso a Los Jaivas musicalizar Alturas de Machu Picchu, ¿dónde estabas?
En la casa, tenía 11 años. Como vivíamos en comunidad, estábamos todos en la casa. Pero no recuerdo esa primera conversación. Mi conexión con la creación de la obra comienza cuando ellos empiezan a ensayarla en el comedor, que era la sala de ensayo. Ahí empiezo a recibir esta música por los poros. Pero a los 11 años aún no había leído a Neruda.
Mientras ensayaban el disco, ¿te sentabas a escucharlos?
La dinámica de los niños en la comunidad era seguir nuestro cotidiano normal. Entonces, la música nos acompañaba y de una manera un poco inconsciente. Sin darnos ni cuenta, de repente íbamos tarareando cosas. “La poderosa muerte” la usábamos para subir la escalera, porque era una casa de tres pisos… Hay algo bien bonito de mencionar: ellos nunca nos prohibieron entrar a la sala de ensayo. Entonces, aprendimos desde pequeños a manipular los instrumentos con mucho respeto. Y bueno, recién a los 15 años estudié batería. Pero nunca me senté a mirar a mi papá cómo tocaba… Es algo curioso lo que me tocó: me transformé en la baterista de Los Jaivas después de la muerte de mi padre.
¿Cómo fue la elección de aprender a tocar batería?
Yo lo elegí y creo que los sorprendí. Yo quería ser educadora de párvulo. Incluso, ya había ido a un jardín infantil y había tenido muy buenos resultados. Y de repente, les digo a mis papás que se me ocurrió otra idea (ríe)... Fue muy inconsciente, capaz me estaba preparando para lo que venía. Empecé a tocar batería a los 13 con la batería de mi papá, la que todos conocen, la que está en el video de Machu Picchu. Y todavía tenemos gran parte de ella.
¿Estuviste en Machu Picchu cuando grabaron el histórico documental?
No, señor. No estaba incluido el costo de viajar en familia. Del continente nos fuimos todos juntos, navegando en un barco por 15 días y así llegamos a Europa. Fue fuerte, porque de repente solo los papás volvieron al continente y las mamás y los niños nos quedamos en la casa (París). Se sintió una cosa extraña. Y claro, ellos llegaron y se emocionaron porque eran un grupo superconocido.
¿El documental en qué momento lo ves?
Debo haberlo visto allá (en París). Yo creo que el momento más bonito fue verlo tocar en vivo en París. Pero fue cuando yo tenía quince.
¿En algún momento empiezas a imaginar que podías ser la baterista de Los Jaivas?
Por ningún motivo estaba pensando en tocar en la banda. Por otro lado, sentía que siempre iba a estar en la banda. Y claro, empecé como iluminadora con 15 años. Estuve dos años o un año y medio, hasta que él murió. Fue un dolor muy grande aceptar que, de un día para otro, ya no estaba. Todavía estoy trabajando eso.
¿La banda te propone ir a la batería o tú lo pides?
No se me habría ocurrido nunca proponer algo así. Cuando ellos me lo proponen fue una locura, un sueño, como mantenernos vivos. “Así voy a estar ocupada, tengo algo que hacer y no voy a estar pensando en este dolor”, dije. Lo acepté inmediatamente. Yo fui la séptima hija de mi madre, una mujer increíble. Ella confió en mí y me dejó ir. Yo era menor de edad. Y mis tíos tenían el sueño de que juntos íbamos a construir el futuro. Se hizo realidad y ya llevo 36 años a cargo de la batería de Los Jaivas y ahora voy a llegar a Lima... Aunque fue una catarsis cuando fuimos a tocar en vivo a Machu Picchu por los 100 años de su redescubrimiento.
En aquella ocasión debes haber pensado en tu padre.
Fue algo muy bonito. Pero cuando se cumplió un año de su muerte fuimos con mi mamá a Perú, porque él falleció allá, en una curva, en un accidente en Ica. No pudimos llegar. Pero lo voy a hacer finalmente.
¿Lo vas a hacer ahora?
Tengo muchas ganas… Entonces, al final con mi madre fuimos a conocer Machu Picchu, recordando a mi padre y sentí su presencia muy fuerte en ese espacio. Luego vuelvo en 2011 con la banda para tocar en vivo.
¿Qué aprendiste de tu padre?
Muchas cosas. A tener la convicción de lo que uno hace; a no esperar que los otros hagan las cosas, sino que hay que hacerlas, la autogestión; la fuerza para avanzar por la vida; y también la alegría de tomarse la vida por un lado lúdico.
¿Qué aprendiste de él en la batería?
Nunca nos sentamos a hablar de eso. Ha sido mi guardián y mi compañero invisible, muy fuertemente presente. He tenido que aprender a escucharlo y a verlo tocar cuando él ya no estaba. Ahí empecé a analizar la forma de tocar de mi padre: cómo usar la batería, cómo él buscaba este lado tan melódico de la batería y no solamente marcando el ritmo ni el pulso del grupo, sino que él va contestándole a todas las melodías desde la batería.
¿Alturas de Machu Picchu es el mejor disco de Los Jaivas?
Probablemente, sí. Muy cercano con la obra sobre Violeta Parra. Pero Machu Picchu lo supera porque es creación de ellos. Y ahí viene un punto muy interesante de la obra: el poder de la literatura, la fuerza de las palabras, porque ellos leyeron a Neruda. Yo digo que esto se va pasando de mano en mano: las primeras manos importantes son las de los incas porque construyen la ciudadela, luego la mano de Neruda, luego Los Jaivas leen la poesía y pasa a sus manos para hacer la música y las manos del público cuando aplaude.
¿Cómo lograron hacer una obra musical que parecía hecha a medida para la poesía de Neruda?
Era la poesía de Pablo. Era lo único que tenían y una foto de Machu Picchu que pegaron en la sala del ensayo, porque ninguno había ido a Machu Picchu. Por eso es alucinante. Es como si empezara a sonar el libro.
Juanita, el día que estés tocando en diciembre en Lima, si de pronto ves en el público a tu padre, ¿qué le dirías?
Pucha…, correría a abrazarlo. No le diría nada, correría a abrazarlo y a darle muchos besos.
Autoficha:
-“Soy Juanita Parra Correa. Me pusieron Juanita porque querían diferenciarme de toda la generación que estaba naciendo en los setenta, que tenían unos nombres muy volados. Tengo 55 años, nací en Santiago. A Europa llegué con 6 años. Mi primer colegio fue en Francia”.
-“No elegimos a Los Mirlos para el concierto en Lima, ellos nos eligieron a nosotros. Nos conocimos en septiembre del año pasado, en La Yein Fonda (Chile). Y bueno, luego los fui a ver. Nos sacamos fotos, los disfruté por primera vez en vivo. Se juntarán dos bandas icónicas”.
-“En Lima será un concierto de una obra solemne y después poder disfrutar de la cumbia amazónica de Los Mirlos, un sello de la música peruana. Cabe recalcar que es muy bonito cómo Perú se muestra al mundo a través de su música, con un apoyo desde el Estado y eso me parece fundamental”.
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